Cambio climático: causas, consecuencias y cómo se monitoriza

Índice del artículo

El cambio climático es la modificación a largo plazo de las condiciones climáticas de la Tierra. Su origen se basa en factores naturales pero, en la actualidad, se está acelerando principalmente por las emisiones de gases de efecto invernaderoLos gases de efecto invernadero (GEI) son gases, naturales o generados por la actividad humana, que retienen el calor en la atmósfera terrestre y regulan l...
Leer más
(GEI)
asociadas a la actividad humana. El aumento de la concentración de CO2 y CH4, en mayor medida, así como de otros gases, está alterando el balance energético de la atmósfera, al mismo tiempo que contribuye al calentamiento global. Fenómeno que ocasiona efectos adversos sobre la temperatura, las precipitaciones, los fenómenos extremos, los ecosistemas y la salud. La monitorización ambiental proporciona datos sobre la calidad del aireLa calidad del aire se refiere al estado del aire que respiramos y su composición en términos de contaminantes presentes en la atmósfera. Se considera buen...
Leer más
y las condiciones atmosféricas que ayudan a comprender estos cambios y a tomar las decisiones más apropiadas de adaptación y mitigación.

Este fenómeno ambiental no se limita a que la temperatura media global aumente. También puede manifestarse, por ejemplo, en cambios persistentes en los patrones de lluvia, periodos de sequía más prolongados, olas de calor más intensas o variaciones en la frecuencia y severidad de determinados eventos meteorológicos. Para identificar estas tendencias es necesario analizar observaciones acumuladas durante años o décadas; una medición aislada o un episodio meteorológico concreto no permiten, por sí solos, caracterizar el cambio climático.

A continuación analizamos qué es el cambio climático, cuáles son sus principales causas y consecuencias, qué gases de efecto invernadero intervienen en su origen y cómo se diferencia del calentamiento global. También abordamos cómo se mide y monitoriza el cambio climático a través de variables climáticas, datos de emisiones, observaciones meteorológicas y ambientales. Finalmente exploramos la relación entre el cambio climático, la calidad del aire y la monitorización ambiental.

El cambio climático es la modificación a largo plazo de las condiciones climáticas de la Tierra. - Kunak

El cambio climático es la modificación a largo plazo de las condiciones climáticas de la Tierra.

Qué es el cambio climático

El cambio climático es una modificación persistente de las condiciones más estables del clima (temperatura, precipitaciones, vientos o frecuencia de fenómenos extremos) que se mantiene durante décadas o períodos más largos de tiempo. Puede responder a procesos naturales de factores:

Innovación en calidad del aire a 1 clic

¡Mantente informado sobre el aire que respiras!

Suscríbete a nuestra newsletter para recibir las últimas novedades en tecnología de monitorización ambiental, estudios sobre calidad del aire y más.

¡Me apunto!

  • Internos: del propio sistema climático como son las interacciones entre la atmósfera, océanos, superficie terrestre, hielo y biosfera.
  • Externos: influencias de otras procedencias como variaciones en la radiación solar, las grandes erupciones volcánicas (pueden ocasionar enfriamiento temporal al lanzar aerosoles a la estratosfera) y, a escalas muy amplias de tiempo, los cambios de la órbita terrestre.

Sin embargo, el calentamiento observado desde mediados del siglo XX se debe principalmente al aumento en la presencia atmosférica de los gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas.


El clima no es estático, ha variado a lo largo de la historia de la Tierra. No obstante, comprender el cambio climático actual exige distinguir entre las fluctuaciones naturales del sistema climático, el aumento de la temperatura media global y el desequilibrio energético asociado a una atmósfera que registra las mayores concentraciones de gases de efecto invernadero nunca antes detectadas.

Cambio climático frente a variabilidad climática

La variabilidad climática expone las oscilaciones naturales del clima alrededor de sus valores habituales. Puede observarse de un año a otro, entre estaciones o a lo largo de varios años, y está relacionada con procesos internos del sistema climático (interacciones entre océano y atmósfera) o con factores naturales externos (cambios en la radiación solar o las erupciones volcánicas).

Por ejemplo, que un verano concreto sea más lluvioso o que una región experimente varios años relativamente secos no demuestra por sí solo que exista un cambio climático. Para identificar una tendencia climática se necesita disponer de registros de series temporales amplias y datos comparables que permitan comprobar si cambian de forma sostenida los valores medios, la variabilidad o la frecuencia de eventos extremos.

El cambio climático no se refiere a un episodio meteorológico aislado, sino a una transformación duradera de los patrones climáticos. La variabilidad natural sigue influyendo en el clima año a año, pero suele tener menor peso cuando se analizan tendencias globales a lo largo de varias décadas.

Diferencia entre cambio climático y calentamiento global

El calentamiento global es el aumento sostenido de la temperatura media de la superficie terrestre respecto a un periodo de referencia. Es uno de los principales componentes del cambio climático, pero ambos conceptos no son exactamente equivalentes.

El cambio climático engloba un conjunto más amplio de alteraciones del sistema climático. Además del incremento de las temperaturas, incluye cambios en los patrones de precipitación, el deshielo, el nivel del mar, la humedad atmosférica, la circulación oceánica y la probabilidad o intensidad de determinados fenómenos extremos.

En términos sencillos, el calentamiento global describe una tendencia térmica; el cambio climático describe las múltiples consecuencias y transformaciones asociadas a esa tendencia dentro de la atmósfera, los océanos, la criosfera, los ecosistemas y las sociedades.

El efecto invernadero y el balance energético de la Tierra

El efecto invernadero es un proceso natural por el que determinados componentes de la atmósfera absorben radiación infrarroja emitida por la superficie terrestre y la atmósfera. Entre ellos se encuentran los gases de efecto invernadero, las nubes y algunos aerosoles. Este mecanismo contribuye a que la Tierra mantenga una temperatura compatible con la vida.

La Tierra recibe energía del Sol y devuelve parte de esa energía al espacio en forma de radiación térmica. El equilibrio entre la energía que entra y la que sale determina, en gran medida, la temperatura media del planeta. Cuando aumenta la concentración de gases como el dióxido de carbono (CO2)El dióxido de carbono (CO2) es un gas que se encuentra de manera natural en la atmósfera y desempeña un papel crucial en los procesos vitales del planeta. ...
Leer más
, el metano (CH4)El metano, conocido químicamente como CH4, es un gas dañino para la atmósfera y los seres vivos porque tiene gran capacidad de atrapar el calor. Es por eso...
Leer más
o el óxido nitroso (N2O), una mayor proporción de la radiación infrarroja es absorbida en la atmósfera, lo que reduce temporalmente la pérdida de calor hacia el espacio y altera este balance energético.

Esto no significa que estos gases creen calor ni que actúen como una barrera sólida alrededor del planeta. Su efecto consiste en modificar cómo la energía térmica se absorbe, se reemite y se distribuye en el sistema climático. Lo que está ocurriendo en la actualidad es que el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera intensifica este efecto natural y favorece el calentamiento global, que a su vez impulsa cambios más amplios en el clima global.

La evidencia científica concluye que el calentamiento observado desde mediados del siglo XX se debe, de forma inequívoca, a la influencia humana. - Kunak

La evidencia científica concluye que el calentamiento observado desde mediados del siglo XX se debe, de forma inequívoca, a la influencia humana.

Cuáles son las causas del cambio climático

El origen del cambio climático se vincula sobre todo al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero debido a las actividades humanas. Sectores como la energía, el transporte, la industria, la agricultura, la ganadería y los cambios en el uso del suelo han incrementado de forma sostenida las emisiones desde la Revolución Industrial.

Aunque el clima también responde a factores naturales, la evidencia científica concluye que el calentamiento observado desde mediados del siglo XX se debe, de forma inequívoca, a la influencia humana.

Emisiones de gases de efecto invernadero

Los GEI absorben y reemiten radiación infrarroja, contribuyendo al efecto invernadero terrestre y al balance energético del sistema climático. Este efecto, de forma natural, mantiene una temperatura media compatible con la vida, pero el incremento de las concentraciones de GEI antropogénicos intensifica el calentamiento. Los principales gases implicados son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O) y los gases fluorados (HFC y PFC) de larga vida.

Desde 1750, las concentraciones de CO2, CH4 y N2O han alcanzado niveles sin precedentes debido a los combustibles fósiles, la deforestación, la agricultura intensiva y la industria.

Estas emisiones añaden más GEI de los que los océanos, los suelos y la vegetación pueden absorber, generando un desequilibrio energético que hace que la Tierra absorba más energía en el sistema climático de la que sale, lo que se traduce en un aumento de la temperatura media global.

La generación eléctrica, la producción de calor, el refino de combustibles, el transporte por carretera, la aviación, el transporte marítimo y numerosos procesos industriales liberan grandes cantidades de CO2 y otros GEI. - Kunak

La generación eléctrica, la producción de calor, el refino de combustibles, el transporte por carretera, la aviación, el transporte marítimo y numerosos procesos industriales liberan grandes cantidades de CO2 y otros GEI.

Energía, transporte e industria

La producción y el uso de energía basada en combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) son la principal fuente de emisiones de CO2 a nivel mundial. La generación eléctrica, la producción de calor, el refino de combustibles, el transporte por carretera, la aviación, el transporte marítimo y numerosos procesos industriales liberan grandes cantidades de CO2 y otros GEI.

En 2019, cerca del 79% de las emisiones globales procedían de energía, industria, transporte y edificios, evidenciando una economía aún dependiente de los combustibles fósiles.

En la industria, además de la combustión de energía, algunos procesos generan emisiones asociadas a la operativa, como la fabricación de cemento, determinados productos químicos o metales, que liberan CO2 adicional durante las reacciones químicas implicadas.

Globalmente, el conjunto de agricultura, silvicultura y otros usos del suelo (AFOLU, por sus siglas en inglés) representa alrededor de una quinta parte de las emisiones netas antropogénicas de GEI. - Kunak

Globalmente, el conjunto de agricultura, silvicultura y otros usos del suelo (AFOLU, por sus siglas en inglés) representa alrededor de una quinta parte de las emisiones netas antropogénicas de GEI.

Agricultura, ganadería y uso del suelo

La agricultura, la ganadería y otros usos del suelo también contribuyen de forma notoria al cambio climático, aunque a través de una combinación de gases distinta. La fermentación entérica del ganado rumiante y el manejo de estiércoles emiten metano (CH4), mientras que el uso de fertilizantes nitrogenados y determinadas prácticas de cultivo generan emisiones de óxido nitroso (N2O).

Las emisiones de metano y óxido nitroso tienen un potencial de calentamiento global superior al del CO2, aunque permanezcan menos tiempo en la atmósfera.

Además, el drenaje de humedales, la conversión de pastizales y la degradación de suelos ricos en carbono pueden liberar CO2 almacenado durante largos periodos de tiempo. Globalmente, el conjunto de agricultura, silvicultura y otros usos del suelo (AFOLU, por sus siglas en inglés) representa alrededor de una quinta parte de las emisiones netas antropogénicas de GEI, al tiempo que los ecosistemas terrestres siguen actuando como sumideros que absorben una fracción importante del CO2 emitido por la actividad humana.

Cuando un bosque se tala o se quema para abrir terreno a nuevos usos, el carbono contenido en la madera y en la materia orgánica del suelo puede pasar a la atmósfera en forma de CO2. - Kunak

Cuando un bosque se tala o se quema para abrir terreno a nuevos usos, el carbono contenido en la madera y en la materia orgánica del suelo puede pasar a la atmósfera en forma de CO2.

Deforestación y cambios en los ecosistemas

La deforestación, la degradación de los bosques y la conversión de ecosistemas naturales a usos agrícolas, urbanos o industriales son una fuente doble de emisiones a la atmósfera. Por una parte, se libera el carbono almacenado en la biomasa y los suelos; por otra, se reduce la capacidad futura de esos ecosistemas para absorber CO2.

Cuando un bosque se tala o se quema para abrir terreno a nuevos usos, el carbono contenido en la madera y en la materia orgánica del suelo puede pasar a la atmósfera en forma de CO2. A escala global, una parte sustancial de las emisiones del sector AFOLU está vinculada precisamente a la pérdida y degradación de bosques.

La alteración de los bosques y ecosistemas naturales por usos agrícolas, urbanos o industriales modifica el albedo, la evaporación y los flujos de energía, alterando así el clima regional.
Las erupciones volcánicas inyectan aerosoles que provocan un enfriamiento temporal en la atmósfera. - Kunak

Las erupciones volcánicas inyectan aerosoles que provocan un enfriamiento temporal en la atmósfera.

Factores naturales del clima

El clima también se ve afectado por factores naturales como las variaciones en la radiación solar, los ciclos orbitales de la Tierra, las grandes erupciones volcánicas y la variabilidad interna del sistema climático (por ejemplo, la interacción océano y atmósfera que da lugar a fenómenos globales como El Niño y La Niña).

Las erupciones volcánicas inyectan aerosoles que provocan un enfriamiento temporal, mientras que las variaciones solares son demasiado pequeñas para explicar el calentamiento de las últimas décadas.

En consecuencia, los factores naturales continúan influyendo en el clima y explican parte de su variabilidad, pero el predominio actual corresponde a las causas antropogénicas.

Las emisiones de GEI derivadas del uso de la energía, el transporte, la industria, la agricultura, la ganadería y los cambios en el uso del suelo son las responsables del calentamiento global observado desde mediados del siglo XX.

Principales gases de efecto invernadero

Todos los gases de efecto invernadero no actúan de la misma manera. Difieren en su origen, en el tiempo que permanecen en la atmósfera y en su capacidad para retener calor. Comprender estas diferencias ayuda a entender por qué algunas emisiones tienen efectos más inmediatos y otras dejan una huella climática durante siglos o milenios.

Dióxido de carbono (CO2)

El CO2 es el gas de efecto invernadero de mayor contribución al calentamiento global actual. Se libera de forma natural en procesos como la respiración de los seres vivos, la descomposición de la materia orgánica o las erupciones volcánicas, pero el aumento reciente de su concentración atmosférica se debe principalmente a la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), a ciertos procesos industriales y a los cambios en el uso del suelo, como la deforestación.

A diferencia de otros gases, el CO2 no tiene un único tiempo de vida atmosférico bien definido. Una parte se absorbe relativamente rápido en los océanos y la biosfera, pero otra fracción permanece en la atmósfera durante cientos o miles de años.

Esto significa que cada tonelada de CO2 emitida hoy contribuye al calentamiento durante un tiempo muy prolongado, acumulándose en la atmósfera si las emisiones superan la capacidad de absorción de los sumideros naturales.

Metano (CH4)

El CH4 es el segundo gas de efecto invernadero que más contribuye al calentamiento global, después del CO2. Sus fuentes naturales incluyen humedales, donde la materia orgánica se descompone en ausencia de oxígeno, o a través de procesos geológicos como las fugas de gas desde el subsuelo. Mientras que sus emisiones antropogénicas proceden sobre todo de la agricultura y la ganadería (fermentación entérica del ganado y manejo de estiércoles), de los vertederos, del cultivo de arroz y de la extracción, transporte y uso de combustibles fósiles, especialmente gas natural y carbón.

El metano tiene una vida atmosférica mucho más corta que el CO2 (alrededor de 12 años) pero su potencial de calentamiento global por unidad de masa es muy superior en ese periodo.

Esto implica que las emisiones de CH4 tienen un impacto climático intenso y relativamente rápido, pero también que reducir estas emisiones puede traducirse en una disminución notable de su concentración atmosférica en pocas décadas.

Óxido nitroso (N2O)

El N2O es un gas de efecto invernadero menos abundante que el CO2 o el CH4, pero con un poder de calentamiento muy elevado y una vida atmosférica larga, del orden de un siglo. Se emite de forma natural desde los suelos y los océanos, pero las actividades humanas han incrementado sus niveles, sobre todo a través del uso de fertilizantes nitrogenados en la agricultura, de ciertos procesos industriales (como la producción de ácido nítrico) y, en menor medida, de la combustión de combustibles fósiles y la gestión de residuos.

Aunque menor en volumen, el N2O tiene un alto impacto climático por su eficiencia para absorber radiación infrarroja y su larga permanencia atmosférica, afectando además a la capa de ozono.

Gases fluorados

Los gases fluorados, hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC), hexafluoruro de azufre (SF6), trifluoruro de nitrógeno (NF3), entre otros, son compuestos sintéticos que no existen de forma natural en la atmósfera. Se utilizan en aplicaciones industriales y comerciales como refrigerantes, en sistemas de aire acondicionado, en espumas, en equipos eléctricos, en la fabricación de semiconductores y en otros procesos tecnológicos.

Aunque sus emisiones son relativamente pequeñas en comparación con las de CO2, CH4 o N2O, muchos de estos gases tienen potenciales de calentamiento global extremadamente altos y vidas atmosféricas que pueden extenderse desde décadas hasta miles o decenas de miles de años.

El persistente efecto climático de los gases fluorados ha motivado una regulación internacional y normativa más estricta.

En conjunto, los gases de efecto invernadero crean una combinación de emisiones alteradoras del sistema climático con comportamientos distintos. Mientras que el CO2 marca la tendencia de largo plazo, el CH4 influye de forma más inmediata. A su vez, el N2O combina alta eficiencia y larga duración; y los gases fluorados, aunque minoritarios, representan un riesgo climático desproporcionado por unidad de emisión debido a su extrema persistencia y potencia.

El incremento de la temperatura media global es uno de los impactos más directos del cambio climático. - Kunak

El incremento de la temperatura media global es uno de los impactos más directos del cambio climático.

Consecuencias del cambio climático

El cambio climático ya está teniendo efectos observables en los sistemas naturales y humanos. A medida que aumenta la temperatura media global, se intensifican o alteran múltiples dimensiones del clima, con repercusiones en los ecosistemas y los recursos hídricos, asimismo afecta a la seguridad alimentaria, la salud y la calidad del aire.

Aumento de las temperaturas

El incremento de la temperatura media global es uno de los impactos más directos del cambio climático. Las últimas décadas han sido las más cálidas registradas desde que existen mediciones instrumentales lo que ha ocasionado que las temperaturas continúen aumentando en la superficie terrestre, océanos y en la atmósfera baja.

El calentamiento global intensifica las olas de calor y eleva las temperaturas veraniegas y nocturnas, generando un mayor estrés térmico en personas, cultivos, ecosistemas e infraestructuras.

Cambios en las precipitaciones

El cambio climático también está modificando los patrones de precipitación a escala global y regional. En términos generales, se espera que las zonas húmedas tiendan a volverse más húmedas y las zonas secas, más secas, aunque con importantes variaciones regionales.

El aumento de la intensidad de los episodios de lluvia extrema que ya está ocurriendo, eleva el riesgo de inundaciones repentinas y de que se ocasionen daños en infraestructuras. Al mismo tiempo, en muchas regiones se prolongan los periodos sin lluvia o se intensifican las sequías, afectando a la disponibilidad de agua para usos humanos como la agricultura, la industria y el consumo.

Fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, las sequías, los incendios forestales, las tormentas intensas, las inundaciones y, en algunas regiones, los ciclones tropicales, están aumentando en frecuencia, duración e intensidad debido al cambio climático. - Kunak

Fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, las sequías, los incendios forestales, las tormentas intensas, las inundaciones y, en algunas regiones, los ciclones tropicales, están aumentando en frecuencia, duración e intensidad debido al cambio climático.

Fenómenos meteorológicos extremos

La frecuencia, duración e intensidad de determinados fenómenos meteorológicos extremos está cambiando como consecuencia del calentamiento global. Entre ellos se incluyen las olas de calor, las sequías, los incendios forestales, las tormentas intensas, las inundaciones y, en algunas regiones, los ciclones tropicales.

Además, aumentan los eventos compuestos, como sequías combinadas con olas de calor o lluvias extremas seguidas de periodos secos, que generan impactos más complejos y severos en la agricultura, los recursos hídricos, la salud y los asentamientos humanos.

Impactos sobre ecosistemas y recursos naturales

Los ecosistemas terrestres y marinos están respondiendo al cambio climático mediante cambios en la distribución de las especies, alteraciones en los ciclos biológicos y, en algunos casos, pérdida de biodiversidad. El aumento de la temperatura del océano, la acidificación y la disminución del oxígeno disuelto afectan a corales, praderas marinas y pesquerías, mientras que en tierra se observan desplazamientos de especies hacia latitudes y altitudes más altas.

A su vez, el cambio climático también está afectando a los recursos hídricos. La reducción de la capa de nieve y de los glaciares, junto con la mayor variabilidad de las precipitaciones, modifica la disponibilidad de agua en muchas cuencas fluviales, aumentando la competencia por este recurso entre agricultura, industria, generación de energía y usos urbanos.

Efectos sobre la salud

El cambio climático tiene consecuencias directas e indirectas para la salud humana. Las olas de calor están asociadas a un aumento de mortalidad y morbilidad, especialmente entre personas mayores, niños y grupos vulnerables. El estrés térmico también agrava enfermedades cardiovasculares, respiratorias y metabólicas preexistentes.

El cambio climático agrava la propagación de enfermedades por vectores (mosquitos), el agua y los alimentos, además de generar problemas de salud mental asociados a desastres y desplazamientos.

Cambio climático y calidad del aire

El cambio climático y la calidad del aire están relacionados, pero no son el mismo fenómeno. Mientras que el cambio climático se refiere a alteraciones duraderas de las condiciones medias del clima, la calidad del aire describe la concentración de contaminantes atmosféricosLa contaminación del aire causada por los contaminantes atmosféricos constituye uno de los problemas ambientales más críticos y complejos a los que nos enf...
Leer más
en un lugar y momento determinados y sus efectos sobre la salud y los ecosistemas.

No obstante, ambos comparten algunas causas de su origen y se influyen mutuamente. Por un lado, muchas fuentes que emiten gases de efecto invernadero también liberan contaminantes atmosféricos, como óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO2)El dióxido de azufre (SO2) es un gas incoloro de aroma penetrante y que produce una sensación irritante similar a cuando falta el aire para respirar. Su or...
Leer más
o partículas finas (PM2,5 y PM10). Por otro lado, el cambio climático puede modificar las condiciones meteorológicas que afectan a la formación, dispersión y acumulación de contaminantes. Así, las temperaturas más altas favorecen la formación de ozono troposférico (O3), la estabilidad atmosférica puede aumentar los episodios de contaminación en áreas urbanas e industriales, y los incendios forestales más frecuentes e intensos elevan las concentraciones de partículas y otros compuestos.

La mitigación climática y la calidad del aire deben coordinarse y monitorizar de forma integrada para maximizar beneficios y comprender sus impactos conjuntos en la salud y el medioambiente.
Medición de gas ozono en la atmósfera - (NOAA) National Oceanic and Atmospheric Administration. U.S. Department of Commerce - Kunak

Medición de gas ozono en la atmósfera – (NOAA) National Oceanic and Atmospheric Administration. U.S. Department of Commerce

Cómo se mide y monitoriza el cambio climático

El cambio climático no se caracteriza con una única medición, sino mediante el análisis combinado de múltiples variables observadas de forma sistemática durante años o décadas. Estas observaciones proceden de redes mundiales de estaciones terrestres, boyas oceánicas, barcos, aviones y satélites, y se integran en bases de datos y modelos que permiten reconstruir la evolución del sistema climático y detectar tendencias.

Variables climáticas

Para describir el estado del clima se utilizan un conjunto de variables climáticas esenciales, como la temperatura media del aire en superficie, la temperatura de la superficie del mar, las precipitaciones, la humedad, el viento, la presión atmosférica, la radiación solar, la cobertura de nieve y hielo, el nivel del mar o el contenido de calor del océano.

Cada una de estas variables aportan información sobre una dimensión distinta del sistema climático. Por ejemplo, el aumento de la temperatura media global es un indicador central del calentamiento, mientras que los cambios en las precipitaciones, en la extensión del hielo marino o en el nivel del mar reflejan cómo ese calentamiento se traduce en transformaciones del ciclo hidrológico, la criosfera y los océanos.

Óxidos de nitrógeno (NOx) y óxido nitroso (N2O): impacto y monitorización global - Kunak

Infografía: Fuentes, transformaciones e impactos ambientales del NOx y N2O

Concentraciones de gases de efecto invernadero

Otro pilar fundamental es la medición de las concentraciones atmosféricas de GEI, especialmente CO2, CH4 y N2O. Estas mediciones se realizan en estaciones de referencia distribuidas por el mundo, muchas de ellas coordinadas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en el marco de su programa Global Atmosphere Watch (GAW). Complementada con redes de monitorización con sensores near-reference se amplifica la capacidad para formar redes distribuidas que transforman la calidad del aire en una variable con alta resolución espacial y temporal.

Mientras que una sola estación de referencia tradicional ofrece un dato puntual; una red de sensores near-reference de bajo coste desplegada sobre un territorio ofrece un mapa dinámico y denso espacialmente de la contaminación, lo que permite identificar focos, comparar zonas, detectar episodios y correlacionar concentraciones con fuentes específicas.

Los datos muestran que las concentraciones medias globales de CO2, CH4 y N2O han alcanzado niveles sin precedentes, con aumentos superiores al 50%, 160% y 25% respecto a los niveles preindustriales, respectivamente. Estas series temporales son esenciales para cuantificar la alteración del sistema climático asociada a los gases de efecto invernadero, así como para evaluar la eficacia de las políticas de mitigación.

Emisiones y datos de actividad

Las emisiones de gases de efecto invernadero, además de evaluarse en concentración, también se estiman a partir de datos de actividad (consumo de combustibles fósiles, producción industrial, superficie agrícola, ganado, cambios en el uso del suelo, etc.) y factores de emisión. Este enfoque, basado en datos de actividad y factores de emisión, es la base de los inventarios nacionales de emisiones que los países presentan en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Sin embargo, estos inventarios tienen incertidumbres, especialmente en sectores que conllevan el cambio de uso del suelo o en países con estadísticas menos desarrolladas. Por ello, se complementan con enfoques basados en observaciones atmosféricas y modelos que combinan mediciones de concentraciones de GEI con modelos de transporte y asimilación de datos para inferir cuándo y dónde los gases entran y salen de la atmósfera.

Observaciones meteorológicas y ambientales

Las observaciones meteorológicas y ambientales proporcionan información continua sobre el estado de la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre. Las estaciones meteorológicas miden variables como temperatura, humedad, presión, viento y precipitación; las boyas y los barcos aportan datos oceánicos; y las radiosondas y los aviones permiten perfilar la atmósfera en vertical.

A estas redes se suman mediciones de composición atmosférica, como contaminantes (NOx, SO2, O3, PM2,5, PM10) y aerosoles, que son relevantes tanto para la calidad del aire como para el clima, ya que algunos de estos componentes influyen en el balance de la radiación y en la formación de nubes.

La perspectiva espacial de las variables climáticas que ofrecen los satélites es complementaria a las mediciones in situ y resulta clave para monitorizar regiones con escasas estaciones terrestres. - Kunak

La perspectiva espacial de las variables climáticas que ofrecen los satélites es complementaria a las mediciones in situ y resulta clave para monitorizar regiones con escasas estaciones terrestres.

Satélites, estaciones y redes de sensores

Los satélites ofrecen una cobertura global y sistemática de numerosas variables climáticas. Desde la temperatura de la superficie terrestre y marina, el nivel del mar, la extensión de hielo y nieve, el vapor de agua, las nubes, la radiación, a las concentraciones de CO2 y CH4 en la columna atmosférica, entre otros. Esta perspectiva espacial es complementaria a las mediciones in situ y resulta clave para monitorizar regiones con escasas estaciones terrestres.

Las estaciones terrestres y los sistemas de sensores de alto rendimiento de calidad del aire aportan mediciones continuas, de alta frecuencia y a escala local o regional.

Aunque las redes de sensores no miden directamente el cambio climático, sus datos caracterizan las condiciones atmosféricas, la contaminación y las interacciones meteorológicas, elementos clave para entender el contexto en el que este se manifiesta.

Datos históricos frente a monitorización en tiempo real

El estudio del cambio climático se basa en gran medida en series temporales históricas construidas a partir de observaciones instrumentales, registros paleoclimáticos (testigos de hielo, sedimentos o anillos de árboles) y, más recientemente, datos satelitales. Estas series permiten comparar el clima actual con el de décadas o siglos anteriores y detectar tendencias que no son apreciables en escalas de tiempo cortas.

La monitorización en tiempo real, con datos meteorológicos, de calidad del aire y de gases de efecto invernadero que se actualizan continuamente, es fundamental para la predicción del tiempo, la gestión de episodios extremos y la evaluación operativa del estado del clima.

Sin embargo, una medición aislada o un periodo muy corto no permiten, por sí solos, caracterizar una tendencia climática. El cambio climático se identifica cuando cambios en los valores medios o en la variabilidad de estos factores se mantienen de forma persistente durante décadas, más allá de la variabilidad natural del sistema.

En conjunto, la combinación de datos históricos y monitorización continua, procedentes de múltiples plataformas y variables, es lo que permite construir una imagen robusta y fiable de cómo está cambiando el clima y de qué factores están impulsando tales cambios.

Los gases de efecto invernadero influyen principalmente en el balance energético del planeta y, finalmente, en el calentamiento global a largo plazo. - Kunak

Los gases de efecto invernadero influyen principalmente en el balance energético del planeta y, finalmente, en el calentamiento global a largo plazo.

Cambio climático, emisiones y calidad del aire

El cambio climático y la calidad del aire comparten algunas causas, pero describen fenómenos distintos. El cambio climático se refiere a alteraciones duraderas de las condiciones medias del clima, mientras que la calidad del aire describe la concentración de contaminantes atmosféricos y sus efectos sobre la salud y los ecosistemas.

Contaminantes atmosféricos y gases de efecto invernadero

Los gases de efecto invernadero (CO2, CH4, N2O, gases fluorados) influyen principalmente en el balance energético del planeta y, finalmente, en el calentamiento global a largo plazo. Los contaminantes atmosféricos (NOx, SO2, O3, PM2,5, PM10, entre otros) afectan de forma más directa a la calidad del aire y a la salud en escalas locales y regionales. Muchas fuentes de alteración climática, como el tráfico, la industria o la combustión de combustibles fósiles, emiten simultáneamente GEI y contaminantes.

Contaminantes que afectan al clima y a la calidad del aire de forma diferente

Algunos compuestos tienen efectos combinados. El ozono troposférico, por ejemplo, es un contaminante que daña la salud y la vegetación, pero también actúa como gas de efecto invernadero de vida relativamente corta. Las partículas suspendidas pueden enfriar o calentar el sistema climático según su composición y, al mismo tiempo, deteriorar la calidad del aire. Estas diferencias explican por qué una medida de reducción de emisiones puede tener impactos distintos sobre el clima y sobre la calidad del aire.

Emisiones industriales y urbanas

En entornos industriales y urbanos se concentran fuentes que contribuyen tanto al cambio climático como a la contaminación atmosférica. Centrales térmicas, procesos industriales, calderas, tráfico rodado, calefacción residencial y actividades logísticas producen emisiones que generan CO2 y otros GEI, pero también NOx, SO2, compuestos orgánicos volátiles y partículas, que favorecen la formación de ozono y episodios de mala calidad del aire.

El papel de la meteorología

La meteorología actúa como puente entre el clima y la calidad del aire. La temperatura, el viento, la estabilidad atmosférica y la radiación solar condicionan la formación, transformación y dispersión de contaminantes. Un clima más cálido puede favorecer la formación de ozono en determinadas condiciones, mientras que periodos de estabilidad atmosférica y vientos débiles facilitan la acumulación de contaminantes en áreas urbanas e industriales. Comprender estas interacciones es esencial para diseñar estrategias integradas de mitigación del cambio climático y mejora de la calidad del aire.

La monitorización ambiental, además de generar los datos necesarios para comprender como evolucionan y se relacionan entre sí las condiciones atmosféricas y variables ambientales, aporta la evidencia para el seguimiento de las tendencias en contaminantes, estudios de impacto y modelos de calidad del aire. - Kunak

La monitorización ambiental, además de generar los datos necesarios para comprender como evolucionan y se relacionan entre sí las condiciones atmosféricas y variables ambientales, aporta la evidencia para el seguimiento de las tendencias en contaminantes, estudios de impacto y modelos de calidad del aire.

Qué papel desempeña la monitorización ambiental para el cambio climático

La monitorización ambiental no mide directamente el cambio climático, pero genera los datos necesarios para comprender cómo evolucionan las condiciones atmosféricas y cómo se relacionan entre sí las distintas variables ambientales. Los sistemas de sensores de alto rendimiento y bajo coste aportan datos continuos que, integrados en series temporales, permiten detectar cambios, identificar patrones y evaluar impactos a lo largo del tiempo.

Estas redes de sensores proporcionan también información espacial distribuida, útil para caracterizar diferencias entre zonas urbanas, industriales y rurales, y para identificar focos de emisión o áreas más expuestas a episodios de contaminación. La detección de episodios en tiempo real (olas de calor, inversiones térmicas, acumulación de partículas o de ozono) ayuda a activar protocolos de protección y a estudiar cómo interactúan la meteorología y la calidad del aire.

Además, la monitorización ambiental permite el seguimiento de tendencias en contaminantes y variables meteorológicas, la correlación entre contaminantes y condiciones atmosféricas (temperatura, viento, humedad, radiación) y la generación de datos para estudios de impacto y modelos de calidad del aire. Toda esta evidencia es fundamental para apoyar decisiones ambientales, desde planes de mejora de la calidad del aire hasta estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático.

En este ámbito, las redes de sensores ambientales como las que desarrolla Kunak aportan una monitorización continua de la calidad del aire, redes distribuidas de sensores, monitorización meteorológica y datos en tiempo real, junto con herramientas de análisis de datos ambientales, detección de episodios y apoyo a estudios de impacto y gestión ambiental.

Los sensores ambientales de bajo coste no sustituyen a las estaciones oficiales ni a los inventarios, pero complementan la información para comprender la evolución atmosférica en un clima cambiante.
Incluso si se reducen las emisiones que provocan el cambio climático, el clima ya ha cambiado y seguirá respondiendo durante décadas a los gases ya acumulados en la atmósfera, por eso son necesarias las estrategias de mitigación y adaptación. - Kunak

Incluso si se reducen las emisiones que provocan el cambio climático, el clima ya ha cambiado y seguirá respondiendo durante décadas a los gases ya acumulados en la atmósfera, por eso son necesarias las estrategias de mitigación y adaptación.

Mitigación y adaptación al cambio climático

Frente al cambio climático, las respuestas se organizan en dos grandes estrategias complementarias: la mitigación y la adaptación. Ambas son necesarias porque, incluso si se reducen las emisiones, el clima ya ha cambiado y seguirá respondiendo durante décadas a los gases ya acumulados en la atmósfera.

Qué es la mitigación

La mitigación del cambio climático comprende las acciones dirigidas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o a aumentar su absorción por sumideros naturales o artificiales. Incluye medidas como la transición hacia energías renovables, la eficiencia energética, la electrificación del transporte, la mejora de procesos industriales, la reducción de emisiones en agricultura y ganadería, y la protección y restauración de ecosistemas que actúan como reservorios de carbono. El objetivo de la mitigación es limitar la magnitud del calentamiento global y, con ello, reducir la intensidad de los impactos climáticos a largo plazo. Cuanto más ambiciosas sean las reducciones de emisiones, menor será el esfuerzo de adaptación necesario en el futuro.

Qué es la adaptación

La adaptación se refiere a los ajustes que realizan los sistemas naturales y humanos para responder a los efectos reales o esperados del cambio climático, con el fin de moderar los daños o aprovechar posibles oportunidades. Ejemplos de adaptación son el diseño de infraestructuras más resilientes a inundaciones y olas de calor, la gestión del agua en contextos de sequía, la adaptación de prácticas agrícolas a nuevos regímenes de lluvia, o la incorporación de criterios climáticos en la planificación urbana y territorial.

A diferencia de la mitigación, que actúa sobre las causas del cambio climático, la adaptación actúa sobre sus consecuencias. Ambas estrategias son complementarias: la mitigación reduce el riesgo climático global, mientras que la adaptación reduce la vulnerabilidad de territorios, sectores y comunidades.

Por qué los datos ambientales son relevantes para ambas estrategias

Los datos ambientales procedentes de la monitorización continua son una herramienta de conocimiento y seguimiento para ambas estrategias.

Para la mitigación, permiten:

  • Caracterizar emisiones y contaminantes
  • Evaluar tendencias.
  • Identificar
  • Apoyar la verificación de medidas de reducción.

Para la adaptación, aportan:

  • Información sobre episodios extremos.
  • Tendencias térmicas y de precipitación.
  • Condiciones locales que ayudan a diseñar infraestructuras, protocolos y planes de gestión más adecuados al clima actual y futuro.
La monitorización ambiental no es una solución climática por sí misma, sino una fuente de evidencia para la toma de decisiones, evaluar políticas y ajustar estrategias de mitigación y adaptación.
Comprender el cambio climático con rigor exige ir más allá de una observación puntual o de un episodio meteorológico aislado. - Kunak

Comprender el cambio climático con rigor exige ir más allá de una observación puntual o de un episodio meteorológico aislado.

Conclusión: La importancia de los datos ambientales para comprender el cambio climático

El cambio climático es un fenómeno complejo, con causas múltiples, efectos que se manifiestan a distintas escalas de tiempo y espacio, y una estrecha relación con la composición de la atmósfera y la calidad del aire. Comprenderlo con rigor exige ir más allá de una observación puntual o de un episodio meteorológico aislado.
Requiere series temporales, construidas a partir de décadas de observaciones instrumentales, registros históricos y datos satelitales, que permiten distinguir entre la variabilidad natural del clima y las tendencias persistentes asociadas al calentamiento global. Requiere también datos fiables, procedentes de redes de referencia y redes de sensores basadas en metodologías estandarizadas, que garanticen que los cambios detectados son reales y no artefactos de la medición. Y requiere observaciones a diferentes escalas desde variables climáticas globales, como la temperatura media o el nivel del mar, hasta datos locales de emisiones, meteorología y calidad del aire que ayudan a entender cómo se manifiesta el cambio climático en un territorio concreto.

La monitorización ambiental aporta una parte de esa evidencia. Las redes de sensores basadas en medición continua y el tiempo real y las estaciones meteorológicas no sustituyen a los inventarios de emisiones ni a las estaciones de referencia diseñadas específicamente para medir gases de efecto invernadero, pero generan datos ambientales que permiten conocer cómo evolucionan las condiciones atmosféricas y cómo se relacionan entre sí variables como la temperatura, la meteorología y los contaminantes atmosféricos.

Esta información resulta valiosa tanto para la investigación científica como para llevar a la práctica la gestión ambiental. De este modo se apoya la evaluación de impactos, la verificación de tendencias, el diseño de estrategias de mitigación y adaptación, y la toma de decisiones basadas en la evidencia.

En definitiva, entender el cambio climático es, en buena medida, una cuestión de datos, cuantos más y mejores sean las observaciones disponibles, mayor será la capacidad de anticipar sus efectos y de responder a ellos de forma informada.