Las emisiones por chimenea son gases y partículas liberados a la atmósfera a través de chimeneas, conductos o salidas de fuentes industriales estacionarias, como centrales térmicas, refinerías, cementeras, plantas químicas e incineradoras. Se miden mediante ensayos periódicos en chimenea o sistemas automáticos de medición continua para cuantificar contaminantes como NOx, SO2, CO, CO2, COV y partículas, comprobar el cumplimiento de los límites de emisión y evaluar su impacto sobre la calidad del aireLa calidad del aire se refiere al estado del aire que respiramos y su composición en términos de contaminantes presentes en la atmósfera. Se considera buen...
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Este tipo de monitorización de las emisiones por chimenea constituye la base del cumplimiento normativo en fuentes fijas, ya que permite convertir la concentración medida en chimenea en tasa de emisión másica (cantidad de un contaminante que sale por una chimenea o foco de emisor por unidad de tiempo) y compararla con los valores límite establecidos por la regulación aplicable en el lugar, ya sea mediante muestreo isocinético de referencia o mediante sistemas automáticos certificados de monitorización que operan de forma continua.
La monitorización continua de las emisiones por chimenea no sustituye a la medición regulatoria en chimenea, sino que aporta la visibilidad necesaria para entender cómo esas emisiones se traducen en calidad del aire real fuera del punto de descarga.
A continuación analizamos qué son las emisiones por chimenea, de qué fuentes industriales proceden y qué contaminantes suelen contener, desde óxidos de nitrógeno y azufre hasta partículas y compuestos orgánicos volátiles. También distinguimos las emisiones canalizadas de las emisiones fugitivas, describimos los principales métodos de medición y repasamos el marco normativo que regula los límites de emisión en la Unión Europea y en Estados Unidos. Por último, analizamos el impacto ambiental de estas emisiones fuera de la chimenea y el papel que desempeña la monitorización ambiental y perimetral como capa complementaria para abarcar su alcance real sobre la calidad del aire alrededor del punto de emisión.

La monitorización continua de las emisiones por chimenea no sustituye a la medición regulatoria en chimenea, sino que aporta la visibilidad necesaria para entender cómo esas emisiones se traducen en calidad del aire real fuera del punto de descarga.
Qué son las emisiones por chimenea
Las emisiones por chimenea o emisiones canalizadas, son mezclas de gases y partículas que se generan en un proceso industrial y se liberan a la atmósfera a través de un conducto o punto de descarga definido: la chimenea; el factor que las diferencia de otros tipos de vertidos. Al tratarse de un foco puntual o fuente estacionaria, el gas de combustión circula por un conducto de evacuación identificable antes de salir al exterior en lugar de escapar de forma dispersa desde múltiples puntos de la instalación.
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Al concentrar los gases residuales en un único conducto de salida se consigue establecer un valor límite de emisión (ELV) determinado para ese foco, que viene fijado en el permiso ambiental de la instalación en función de la actividad y de la capacidad del entorno para recibir contaminación. Esta canalización también facilita aplicar sistemas de depuración (filtros, lavadores de gases, catalizadores) justo antes del punto de salida. Asimismo permite instalar equipos de medición directamente sobre el conducto, ya sea de forma manual, captando el contaminante para analizarlo en laboratorio, o mediante sistemas automáticos de medición que leen la concentración en continuo.
Chimeneas, conductos y fuentes estacionarias
Una emisión por chimenea procede siempre de una fuente estacionaria, es decir, una instalación fija como una central térmica, una cementera o una incineradora, cuyo gas de combustión circula por un conducto de evacuación antes de salir al exterior. Esta canalización es la clave desde el punto de vista regulatorio puesto que la normativa exige que las emisiones se conduzcan a través de chimenea siempre que sea técnicamente posible; precisamente porque un foco canalizado se puede medir, cuantificar y controlar con precisión, mientras que las emisiones que escapan sin pasar por un conducto, como fugas en válvulas, bridas o zonas de almacenamiento, se consideran emisiones difusas o fugitivas y por ello requieren métodos de vigilancia distintos.
Los puntos esenciales que definen una emisión por chimenea son:
- Origen en un proceso industrial identificable (combustión, calcinación, incineración, síntesis química, entre otros).
- Salida a través de un conducto o punto de descarga fijo y localizable.
- Composición variable de gases (NOx, SO2, CO, CO2, COV) y partículas, según la actividad y el combustible empleado.
- Posibilidad de medición directa mediante muestreo manual o sistemas automáticos continuos.
- Sujeción a un valor límite de emisión fijado en el permiso ambiental correspondiente.
No siempre existe una correlación directa entre el foco emisor y la actividad que origina las emisiones en foco puntual, ya que una misma chimenea puede recoger gases procedentes de varios procesos distintos dentro de la instalación.
Diferencias entre emisiones canalizadas, fugitivas y difusas
No todas las emisiones industriales alcanzan el exterior por un conducto. Conviene distinguir tres categorías:
| Tipo de emisión | Descripción | Ejemplo | Cómo se monitoriza |
|---|---|---|---|
| Emisiones canalizadas | Se liberan al exterior a través de una chimenea o un conducto fijo, lo que permite medirlas directamente en el punto de salida. | Chimeneas de calderas, hornos o procesos industriales. | Medición en chimenea mediante sistemas de monitorización de emisiones (CEMS) o campañas periódicas. |
| Emisiones fugitivas | Escapan de forma no intencionada por elementos como válvulas, bridas, bombas, sellos o tanques de almacenamiento, sin pasar por un conducto. | Fugas de COV, metano o H2S en equipos de proceso. | Programas LDAR (Leak Detection and Repair), sensores portátiles o redes de monitorización perimetral. |
| Emisiones difusas | Proceden de superficies abiertas o actividades sin un punto de emisión definido, por lo que no pueden captarse mediante una chimenea. | Pilas de materiales, operaciones de carga y descarga, vertederos o movimientos de tierras. | Redes de monitorización ambiental, sensores perimetrales y modelización de la dispersión de contaminantes. |
Concentración de emisión frente a concentración en aire ambiente
Un aspecto que suele generar confusión en este tipo de emisiones es que la concentración medida en chimenea no equivale a la concentración que respiran las personas fuera de la instalación o inmisión atmosférica. La concentración de emisión se mide justo en el punto de descarga y sirve para comprobar el cumplimiento del valor límite de emisión fijado en el permiso ambiental. La concentración ambiental es el resultado de que ese contaminante se disperse, diluya y transforme en la atmósfera según la meteorología, la topografía y la distancia a la fuente, por lo que puede ser mucho menor (o, en episodios puntuales, comportarse de forma distinta) que la concentración original en chimenea.
La diferencia entre la concentración de emisión y la inmisión atmosférica o concentración ambiental es la razón por la que muchas instalaciones complementan la medición en chimenea con redes de monitorización ambiental y perimetral, que son las que realmente informan sobre la calidad del aire que se respira fuera del punto de emisión.

Las emisiones más relevantes que se producen en las refinerías se producen en los hornos de proceso, que aportan la energía térmica necesaria para reacciones como la destilación, el reformado catalítico, el hidrotratamiento o la alquilación.
Principales fuentes industriales de emisiones por chimenea
Las emisiones por chimenea proceden de un grupo relativamente reducido de sectores industriales, donde cada uno cuenta con procesos de combustión o transformación química específicos que determinan qué contaminantes emiten y en qué proporción.
Centrales energéticas e instalaciones de combustión
Las centrales energéticas y otras instalaciones con procesos de combustión generan sus principales emisiones como SO2, NOx, partículas, CO2 y metales pesados (As, Cd, Cr, Cu, Hg, Pb, Ni, Zn) a partir de calderas y hornos donde se queman combustibles fósiles para producir electricidad, vapor o calor. La composición de estas emisiones varía según el combustible empleado; el fueloil con mayor contenido de azufre eleva las emisiones de SO2, mientras que las altas temperaturas de combustión favorecen la formación de NOx.
Refinerías y plantas petroquímicas
Las emisiones más relevantes que se producen en las refinerías se producen en los hornos de proceso, que aportan la energía térmica necesaria para reacciones como la destilación, el reformado catalítico, el hidrotratamiento o la alquilación. A estas se suman las emisiones de las unidades de craqueo catalítico, las antorchas y, de forma más difusa, los COV liberados en distintas unidades de proceso y durante el almacenamiento en tanques. Los contaminantes más característicos de este sector son el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno, derivados principalmente de los fuelóleos y del gas de refinería utilizados como combustible.
Cementeras, calderas e industrias minerales
La fabricación de cemento genera emisiones cuantitativamente relevantes de partículas, NOx, SO2, CO y CO2, junto con cantidades menores de compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM), NH3 y cloro. Las fuentes puntuales más importantes son el horno y los enfriadores de clínker, además de los precalcinadores y los molinos de crudo y de cemento, mientras que la materia prima y los combustibles empleados en la clinkerización pueden aportar trazas de metales pesados emitidos como partículas o vapor. Las emisiones de NOx se producen principalmente en el horno de clínker por las elevadas temperaturas de calcinación, mientras que las de SO2 dependen del azufre contenido tanto en el combustible como en las materias primas.
Incineradoras y plantas de tratamiento térmico de residuos
Las plantas de incineración tratan residuos mediante la combustión controlada, un proceso que genera gases de combustión con una carga de contaminantes especialmente compleja, ya que la composición heterogénea del residuo puede dar lugar a compuestos tóxicos que requieren sistemas de depuración específicos antes de su liberación a la atmósfera. Este sector suele estar sujeto a límites de emisión particularmente estrictos, precisamente por la variabilidad de los materiales incinerados y el riesgo de generar contaminantes persistentes.
Industrias químicas, metalúrgicas y manufactureras
La industria química presenta una gran diversidad de emisiones en chimenea según el producto fabricado. Así, la producción de ácido sulfúrico libera SO2 y SO4H2, la de ácido clorhídrico Cl2 y ClH, la de amoniaco emite principalmente CO2 procedente del reformado de metano con vapor empleado para obtener el hidrógeno de síntesis (junto con trazas de NH3 no convertido), y la de urea NH3 y partículas, entre otros procesos con perfiles de emisión propios. En el sector metalúrgico y manufacturero en general, las emisiones combinan compuestos derivados tanto de las materias primas empleadas (por ejemplo, compuestos alcalinos) como del combustible utilizado en los procesos de secado y cocción, principalmente SO2, NOx, CO, partículas y COVNM.

La composición de las emisiones por chimenea depende del combustible y del proceso industrial, lo que determina qué contaminantes deben monitorizarse y cómo hacerlo.
Principales contaminantes presentes en las emisiones por chimenea
Como las emisiones por chimenea contienen una combinación de gases y partículas cuya composición depende directamente del proceso industrial y del combustible empleado, siendo el sector energético responsable de la mayor parte del volumen global emitido, conviene analizar el proceso de generación y efectos de los principales gases.
La composición de las emisiones por chimenea depende del combustible y del proceso industrial, lo que determina qué contaminantes deben monitorizarse y cómo hacerlo.
Óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre y monóxido de carbono
Los óxidos de nitrógeno (NOx) se forman principalmente durante la combustión, ya sea a partir del nitrógeno contenido en el propio combustible o del nitrógeno presente en el aire utilizado para quemarlo, por lo que están directamente vinculados a la temperatura y al diseño del proceso de combustión. El dióxido de azufre (SO2) depende, en cambio, casi exclusivamente del contenido de azufre del combustible. En los sistemas de combustión, alrededor del 95% del azufre presente se convierte en SO2, entre un 1% y un 5% se oxida a trióxido de azufre (SO3), y entre un 1% y un 3% se emite como partículas de sulfato. El monóxido de carbono (CO)El monóxido de carbono (CO) es un gas invisible (incoloro e inodoro) que resulta, al mismo tiempo, un asesino silencioso porque en apenas unos minutos deja...
Leer más, por su parte, es un gas tóxico que se genera por la combustión incompleta de combustibles fósiles, cuando no hay suficiente oxígeno o temperatura para completar la oxidación del carbono a CO2.
Dióxido de carbono y gases de efecto invernadero
El dióxido de carbono (CO2) es el principal gas de efecto invernadero de origen industrial, y el sector energético concentra alrededor del 91,8% de sus emisiones totales, frente a un 6,4% procedente de la industria del cemento y la incineración de residuos, y un 1,8% de la industria química y metalúrgica. Junto al CO2, los inventarios de emisiones consideran también el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O) como gases de efecto invernaderoLos gases de efecto invernadero (GEI) son gases, naturales o generados por la actividad humana, que retienen el calor en la atmósfera terrestre y regulan l...
Leer más relevantes, ambos con fuentes tanto naturales como antropogénicas, aunque la actividad humana domina claramente sus emisiones a la atmósfera. A estos se suman, en menor volumen pero con un potencial de calentamiento mucho mayor, los hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6).
Partículas, polvo y material particulado
Las partículas emitidas durante procesos de combustión suelen tener un diámetro inferior a 1 micrómetro y generan efectos ambientales como la reducción de la visibilidad, la lluvia ácida y el deterioro de materiales expuestos. Este material particulado se clasifica habitualmente según su tamaño (PM10, PM2,5) porque esa fracción de diámetro determina su capacidad de penetración en el sistema respiratorio y, por tanto, su relevancia sanitaria. En sectores como el cementero, el polvo procede tanto del propio proceso de calcinación como del manejo de materias primas y del enfriamiento del clínker, lo que lo convierte en uno de los contaminantes prioritarios a controlar en chimenea.
Compuestos orgánicos volátiles y contaminantes peligrosos
Los compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM) son compuestos orgánicos distintos del metano capaces de generar oxidantes fotoquímicos al reaccionar con los óxidos de nitrógeno en presencia de luz solar. A este grupo se suman contaminantes orgánicos persistentes y sustancias tóxicas como benceno, formaldehído, acroleína e hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), habituales en procesos de combustión incompleta.
Gases ácidos, metales y contaminantes específicos del proceso
Determinados procesos industriales generan contaminantes muy específicos. Así la producción de ácido sulfúrico libera SO2 no convertido y niebla o vapores de ácido sulfúrico; la de ácido clorhídrico libera HCl gaseoso no absorbido, cloro y compuestos orgánicos clorados; y la de urea aporta amoniaco y partículas, entre otros perfiles propios de cada actividad química. En cuanto a los metales, el mercurio destaca por su toxicidad, persistencia y capacidad de bioacumulación siendo la combustión de carbón su principal fuente antropogénica, habiendo aportado alrededor de 888 toneladas (un 46% del total mundial) en 2005 según datos del PNUMA. Otros metales traza como el arsénico, cadmio, cromo, cobre, plomo, níquel y zinc también pueden emitirse como partículas o vapor, procedentes tanto del combustible como de las materias primas empleadas en el proceso.

La monitorización ambiental y perimetral son la capa complementaria para abarcar el alcance de las emisiones reales de las chimeneas industriales sobre la calidad del aire alrededor del punto de emisión.
Cómo se miden las emisiones por chimenea
Las emisiones por chimenea se cuantifican a través de dos grandes enfoques complementarios. Por una parte están los ensayos periódicos, realizados de forma puntual por personal técnico, mientras que los sistemas automáticos de monitorización posibilitan una medición continua al estar integrados de forma permanente en la instalación. Ambos comparten un mismo objetivo como es determinar la concentración de contaminantes presentes en el gas de combustión para comprobar su cumplimiento frente al valor límite de emisión fijado en el correspondiente permiso ambiental. Para determinar dicha concentración se basan en:
Ensayos periódicos de emisiones en chimenea
El ensayo periódico consiste en la toma de muestras del gas de combustión en momentos determinados, normalmente con una frecuencia anual o semestral fijada por la normativa, empleando métodos de referencia normalizados para cada contaminante. Este tipo de medición suele encargarse a laboratorios acreditados y ofrece una fotografía representativa de las condiciones de emisión en el momento del muestreo, aunque no permite detectar variaciones puntuales que se produzcan fuera de esa ventana temporal.
Muestreo isocinético de partículas
Para medir partículas en chimenea se emplea el muestreo isocinético, una técnica en la que la velocidad de entrada del gas en la sonda de muestreo se ajusta para que sea idéntica a la velocidad del gas en el conducto principal. Este ajuste es imprescindible porque, si la velocidad de succión fuera distinta a la del flujo real, se produciría una captación desproporcionada de partículas de mayor o menor tamaño, distorsionando el resultado; por eso el caudal de toma de muestra se mantiene proporcional al caudal del gas emitido por la chimenea.
Sistemas automáticos de medición continua de emisiones
Los sistemas automáticos de medición, conocidos internacionalmente como CEMS (Continuous Emission Monitoring System), monitorizan y registran de forma ininterrumpida las emisiones de fuentes fijas como centrales eléctricas, refinerías, cementeras e incineradoras. Un CEMS integra analizadores de gases, sistemas de medición de partículas y opacidad, medición de caudal volumétrico y un sistema de gestión de datos de emisiones (DAHS) que centraliza el registro y facilita el reporting normativo. Los contaminantes más habitualmente monitorizados en continuo son NOx, SO2, CO, CO2 y partículas, aunque también pueden incorporarse HCl, HF, NH3, mercurio o COV según la actividad regulada.
Sistemas extractivos y sistemas de medición in situ
Los CEMS se dividen en dos configuraciones principales según dónde se realiza el análisis del gas. Los sistemas extractivos captan una muestra del gas de combustión, la transportan mediante una línea calefactada hasta una unidad de acondicionamiento (con bombas, refrigeradores y convertidores) y la analizan fuera de la chimenea, en un armario de analizadores. Los sistemas in situ, en cambio, realizan la medición directamente dentro del conducto, sin extraer la muestra, empleando tecnologías como sistemas láser que atraviesan el propio flujo de gas. La elección entre uno u otro depende de factores como la temperatura del gas, su contenido en humedad o partículas, y los requisitos de mantenimiento de cada instalación industrial analizada.
Concentración, caudal y tasa de emisión másica
Ninguna de estas técnicas resulta útil por sí sola sin conocer el caudal volumétrico del gas que circula por la chimenea, ya que la concentración medida (por ejemplo, en mg/m3) debe combinarse con ese caudal para obtener la tasa de emisión másica en kg/h o g/s, que es la magnitud que realmente se compara frente al límite de emisión regulatorio. Por eso, tanto los sistemas CEMS certificados como los ensayos periódicos incluyen sistemas de medición de flujo volumétrico como parte integral de la instalación, y no solo analizadores de concentración.
Sin medir el caudal volumétrico del gas, no es posible convertir la concentración en una tasa de emisión másica ni verificar el cumplimiento de los límites de emisión.

Una emisión por chimenea procede siempre de una fuente estacionaria, es decir, una instalación fija como una cementera.
Monitorización de emisiones por chimenea y cumplimiento normativo
Considerar la medición de emisiones por chimenea no tendría sentido si no se tiene en cuenta el marco regulatorio que la exige y que define cómo debe realizarse, con qué frecuencia y bajo qué controles de calidad.
En la Unión Europea y en Estados Unidos existen sistemas normativos distintos para el control de las emisiones en chimenea pero con una lógica común como es fijar límites de emisión, exigir métodos de medición fiables y establecer procedimientos de acreditación que garanticen la calidad de los datos.
Directiva de emisiones industriales y mejores técnicas disponibles
En la Unión Europea, la Directiva 2010/75/UE de emisiones industriales (DEI) establece el marco de prevención y control integrados de la contaminación para las instalaciones industriales de mayor capacidad. Persigue el objetivo de evitar, reducir y, en la medida de lo posible, eliminar la contaminación derivada de la actividad industrial.
El pilar central de esta directiva son las Mejores Técnicas Disponibles (MTD o BAT), entendidas como las técnicas más eficaces para alcanzar un nivel elevado de protección del medio ambiente en su conjunto y de cuya aplicación se derivan los BAT-AEL o Niveles de Emisión asociados a las MTD, que constituyen el rango de referencia frente al que se comparan las emisiones medidas en chimenea. La directiva fue modificada en 2024 mediante la Directiva (UE) 2024/1785, que amplía su alcance a las emisiones derivadas de la cría de ganado y refuerza el papel de las técnicas emergentes, como los aditivos alimentarios inhibidores de metano o los sensores de medición continua de emisiones entéricas en tiempo real.
Métodos EPA y especificaciones de rendimiento de los CEMS
En Estados Unidos, la EPA regula los CEMS a través del Título 40 del Código de Regulaciones Federales (40 CFR), definiendo un CEMS como el conjunto de equipos necesarios para determinar la concentración o la tasa de emisión de un gas o material particulado mediante analizadores y una ecuación de conversión. Para garantizar que un CEMS es fiable en el momento de su instalación, la EPA exige superar las especificaciones de rendimiento (Performance Specifications, PS), un conjunto de 18 protocolos numerados que cubren desde la opacidad (PS-1) y el SO2/NOx (PS-2) hasta el material particulado (PS-11), el mercurio (PS-12A/B) o el cloruro de hidrógeno gaseoso (PS-19). Una vez instalado, el sistema debe someterse además a controles periódicos de calidad (como la prueba de exactitud relativa (RA) frente a un método de referencia), términos recogidos en el Apéndice F del 40 CFR Parte 60, que evalúan si los datos producidos siguen siendo válidos para determinar el cumplimiento normativo.
Normas EN, ISO, acreditación y MCERTS
En Europa, la fiabilidad de los CEMS se garantiza mediante normas técnicas EN e ISO que definen los métodos de referencia y los procedimientos de calibración y control de calidad, complementadas por esquemas de acreditación nacionales. El MCERTS (Monitoring Certification Scheme), desarrollado en Reino Unido, es uno de los esquemas de referencia más reconocidos. Certifica tanto los equipos de monitorización continua como el personal y los organismos que realizan los ensayos periódicos, y se ha extendido también a sistemas de monitorización ambiental y sensores de bajo coste.
El esquema de referencia MCERTS, como combinación de normas técnicas y esquemas de certificación, permite a los reguladores confiar en que un dato de emisión, ya proceda de un CEMS o de un ensayo periódico, refleja realmente la situación de la chimenea y no un error de medición o calibración.

Las emisiones de chimenea industrial, al tratarse de un foco puntual o fuente estacionaria, hacen que el gas de combustión circule por un conducto de evacuación identificable antes de salir al exterior.
Ensayos periódicos frente a monitorización continua de emisiones
Elegir entre un ensayo puntual y un sistema automático de medición continua de las emisiones en chimenea no es una cuestión de qué método es el más adecuado, sino de conocer qué exige la normativa aplicable y qué nivel de vigilancia necesita cada instalación.
De hecho, la propia normativa contempla ambos enfoques como válidos. El monitoreo continuo (CEMS) aporta concentraciones promedio en intervalos de minutos u horas, mientras que el muestreo periódico (mensual, semestral o anual según la norma de emisión aplicable) envía las muestras al laboratorio y obtiene los resultados días o semanas después.
| Criterio | Ensayos puntuales | Sistemas automáticos de medición continua (CEMS) |
|---|---|---|
| Cobertura temporal | Fotografía representativa en un momento concreto, con frecuencia mensual, semestral o anual. | Registro ininterrumpido, con datos cada minuto u hora. |
| Coste | Menor inversión inicial, pero coste recurrente por cada campaña de muestreo y análisis en laboratorio. | Mayor inversión inicial en equipos y acondicionamiento, con coste operativo distribuido en el tiempo. |
| Instalación | No requiere instalación permanente; solo acondicionar el foco emisor para tomar la muestra de forma representativa. | Requiere instalación fija e integrada en la chimenea, con sistemas de acondicionamiento y gestión de datos (DAHS). |
| Capacidad para detectar episodios | Limitada porque solo refleja las condiciones del momento del muestreo, sin detectar picos fuera de esa ventana. | Alta al permitir identificar picos, tendencias y desviaciones en tiempo real. |
| Uso regulatorio | Válido como método de referencia en instalaciones con menores exigencias o como verificación de CEMS. | Exigido en instalaciones de mayor capacidad o riesgo, sujeto a especificaciones de rendimiento y controles de calidad periódicos. |
| Necesidades de mantenimiento | Bajas entre campañas; el mantenimiento se concentra en cada ensayo puntual. | Continuas con calibración, controles de calidad y verificación periódica frente a métodos de referencia. |
Cuándo se usa cada método
La normativa no impone un único enfoque de forma universal ya que las instalaciones de mayor tamaño o con mayor riesgo ambiental, como centrales térmicas, incineradoras, grandes cementeras, suelen estar obligadas a instalar CEMS. Mientras que instalaciones más pequeñas o focos de menor relevancia pueden cumplir con ensayos periódicos. Existe además una tercera vía intermedia que son los analizadores portátiles. Ofrecen el mismo nivel de rendimiento que un equipo fijo pero de forma temporal, útiles tanto para verificar el correcto funcionamiento de un CEMS instalado como para evaluaciones puntuales de corta duración (entre 3 y 5 días).
Por qué ambos enfoques son complementarios
En la práctica, muchas instalaciones combinan ambos métodos. Mientras que el CEMS aporta la vigilancia continua necesaria para el control de proceso y la detección temprana de episodios, los ensayos periódicos con métodos de referencia sirven para verificar y validar la precisión del propio sistema automático. Esta misma lógica de capas complementarias compuesta de solución continua más verificación periódica es la que después conectará con el papel de la monitorización ambiental y perimetral, que añade una tercera capa de vigilancia fuera del punto de emisión.

Las emisiones por chimenea son gases y partículas liberados a la atmósfera a través de chimeneas, conductos o salidas de fuentes industriales estacionarias.
De la chimenea a la calidad del aire ambiente
Una vez que el contaminante sale por la chimenea, su concentración medida en ese punto deja de ser la variable relevante. A partir de ese punto, lo que importa es cómo se comporta esa masa de gas en la atmósfera, es decir la inmisión o concentración que llega finalmente al nivel del suelo, donde respiran las personas.
Cómo se dispersan las plumas de emisión en la atmósfera
Al salir de la chimenea, el gas se eleva hasta una altura efectiva (suma de la altura física del conducto más el ascenso adicional generado por el impulso inicial del gas y por la diferencia de temperatura con el aire circundante) y a partir de ahí se desplaza horizontalmente en la dirección del viento mientras se dispersa en el plano perpendicular por efecto de la turbulencia atmosférica.
Este comportamiento no es siempre igual; según la estabilidad atmosférica y el viento, la pluma puede adoptar distintas formas, desde un patrón cónico predecible en condiciones de viento moderado y estable, hasta una pluma en espiral errática en condiciones turbulentas, o una pluma en abanico que se extiende horizontalmente cerca del suelo cuando hay inversión térmica y poco viento.

Los algoritmos, basados en datos meteorológicos, permiten trazar un rastreo e indicar el posible origen de la contaminación de la contaminación atmosférica. Infografía Envirosuite.
Existe además un caso especialmente relevante para la industria. Es cuando los gases emitidos son más fríos que el aire circundante y la pluma presenta flotación negativa descendiendo directamente hacia el suelo, aumentando la concentración de contaminantes justo en las inmediaciones de la fuente de emisión.
Por qué la medición en chimenea no describe por sí sola la exposición a nivel del suelo
Estos modelos de dispersión (el más empleado es el modelo gaussiano de columna) muestran que la concentración final en un punto determinado depende de múltiples variables externas a la propia chimenea como la velocidad y dirección del viento, la clase de estabilidad atmosférica, la distancia al foco, la topografía del terreno y la meteorología del momento. En consecuencia, dos instalaciones con la misma tasa de emisión másica en chimenea pueden generar niveles de exposición a nivel del suelo completamente distintos, simplemente por diferencias en la altura efectiva de sus chimeneas, en las condiciones meteorológicas de la zona o en la orografía circundante.
La concentración de emisiones en chimenea medida en el punto de descarga es una magnitud de cumplimiento normativo, pero no permite por sí sola conocer cuánto contaminante respiran realmente los trabajadores o las comunidades cercanas.
Monitorización ambiental y perimetral como evidencia complementaria
La ausencia de información entre lo que se mide en chimenea y lo que ocurre a nivel del suelo es precisamente lo que cubre la monitorización perimetral. A diferencia de un CEMS, que vigila un punto específico y fijo, la monitorización perimetral despliega una red de estaciones alrededor de la instalación que permite conocer qué está ocurriendo realmente en el entorno, detectando tanto el impacto de las emisiones canalizadas ya dispersas como el de fuentes fugitivas o difusas que ningún CEMS podría captar.
La capa de vigilancia que establece la monitorización ambiental y perimetral no sustituye a la medición regulatoria en chimenea, sino que aporta una evidencia complementaria. Relaciona las concentraciones ambientales con la meteorología del momento, permitiendo asociar la detección de picos puntuales con actividades concretas de la planta. De este modo ofrece a la industria y a las comunidades cercanas una visión mucho más completa del impacto real de la actividad industrial sobre la calidad del aire que se respira.
La monitorización perimetral aporta el contexto que la medición en chimenea no puede ofrecer, relacionando emisiones, meteorología e impacto sobre el aire que respiran las comunidades cercanas.

Las emisiones por chimenea o emisiones canalizadas, son mezclas de gases y partículas que se generan en un proceso industrial y se liberan a la atmósfera a través de un conducto o punto de descarga definido como es la chimenea.
Cómo mejorar la gestión de las emisiones por chimenea
Más allá de cumplir con el valor límite de emisión, los datos generados por la medición en chimenea pueden convertirse en una herramienta activa para mejorar el propio proceso industrial, así como la fiabilidad de las mediciones y la comprensión del impacto ambiental real de la instalación industrial.
Uso de los datos de emisiones para optimizar procesos industriales
Disponer de datos precisos y continuos sobre emisiones sirve para demostrar cumplimiento normativo pero también permite optimizar el propio proceso productivo, mejorar la eficiencia energética y, en consecuencia, reducir costes operativos. Un CEMS que registra en tiempo real variaciones en NOx, SO2 o CO puede advertir de ineficiencias de combustión, desajustes en la dosificación de reactivos de abatimiento o desviaciones en la calidad de la materia prima antes de que se traduzcan en un incumplimiento normativo, permitiendo actuar sobre la causa del problema y no únicamente sobre su consecuencia. Esta capacidad de anticipación es la que transforma la monitorización de emisiones de una obligación reactiva a una herramienta de control predictivo del proceso.
Control de calidad, calibración y trazabilidad de los datos
Un dato de emisión solo es útil si es fiable, y esa fiabilidad se garantiza mediante procedimientos de control de calidad normalizados. En Europa, la norma UNE-EN 14181:2015 define tres Niveles de Garantía de Calidad (NGC, equivalentes a los QAL en la versión inglesa):
| Elemento | Objetivo | Cuándo se realiza |
|---|---|---|
| NGC1 (QAL1) | Verificar que el sistema automático de medida (SAM) es apto para su uso y cumple los requisitos de rendimiento antes de instalarse. | Antes de la instalación del equipo. |
| NGC2 (QAL2) | Calibrar el SAM comparando sus mediciones con métodos de referencia para garantizar la exactitud de los datos. | Tras la instalación y, posteriormente, cada 3 y 4 años (según la instalación). |
| NGC3 (QAL3) | Comprobar de forma continua que el equipo mantiene su estabilidad y que las derivas de cero y de span permanecen dentro de los límites aceptables. | Durante toda la operación del sistema. |
| Ensayo Anual de Seguimiento (EAS / AST) | Confirmar que la calibración obtenida en el NGC2 sigue siendo válida y que el sistema mantiene su fiabilidad. | Con periodicidad anual. |
En Estados Unidos, un esquema equivalente se articula mediante las especificaciones de rendimiento y las pruebas de exactitud relativa recogidas en el 40 CFR, mientras que en países como Chile un protocolo específico de QA/QC exige documentar pruebas de linealidad, calibración de gases o auditorías de correlación absoluta para garantizar la trazabilidad de cada dato reportado.
Integración de datos de chimenea, meteorología y calidad del aire
El paso final para una gestión avanzada de emisiones consiste en integrar los datos de la chimenea con la información meteorológica y con las redes de calidad del aire ambiental, en lugar de tratarlos como fuentes de información aisladas. Los modelos de dispersión en tiempo real combinan precisamente los datos de emisión de los monitores continuos con datos meteorológicos de estaciones de superficie para simular, con periodicidad horaria, cómo se comporta la pluma de contaminación y qué concentración cabe esperar a nivel del suelo. Esta integración permite a la industria correlacionar un pico detectado en una estación perimetral con las condiciones de viento y estabilidad atmosférica del momento, y relacionarlo, si corresponde, con una variación específica registrada en el CEMS de la chimenea, cerrando así el círculo entre lo que se emite, cómo se dispersa y qué impacto real genera sobre la calidad del aire que respiran los trabajadores y las comunidades cercanas.

Cómo complementa Kunak la monitorización de emisiones por chimenea
Las estaciones de monitorización de emisiones por chimenea de Kunak no sustituyen los ensayos reglamentarios en chimenea ni equivalen a un CEMS instalado en el conducto de salida. Al no medir la concentración ni el caudal del gas de combustión en el punto de descarga, no pueden emplearse como método de cumplimiento del valor límite de emisión fijado en el permiso ambiental. Su función es distinta y complementaria al aportar visibilidad sobre lo que ocurre fuera de la chimenea, en el entorno donde esas emisiones ya dispersas terminan afectando tanto a las personas como a los ecosistemas.
Una red de estaciones Kunak AIR Pro desplegada en torno a la instalación industrial permite conocer la concentración real de contaminantes en el aire ambiente, es decir, la magnitud del impacto en el entorno que finalmente determina la exposición de trabajadores y comunidades. Sin embargo, es un dato que puede diferir notablemente de la concentración medida en chimenea según la meteorología y la distancia al foco de emisión.
A diferencia de un CEMS, cuya vigilancia se desarrolla en un único punto fijo, la monitorización perimetral cubre todo el contorno de la instalación industrial, detectando tanto el impacto de las emisiones canalizadas ya dispersas como el de fuentes fugitivas o difusas que ningún sistema en chimenea podría captar.
Las estaciones perimetrales registran los picos de concentración en tiempo real, allí justo donde se producen sus efectos, a nivel del suelo. Esto es especialmente relevante en episodios de flotación negativa de la pluma o de inversión térmica, en los que el contaminante puede concentrarse cerca de la fuente en lugar de dispersarse en altura.
De igual manera, los datos ambientales medidos en campo sirven para validar y calibrar los modelos de dispersión (como el modelo gaussiano de columna) que predicen cómo debería comportarse la pluma según las condiciones meteorológicas, comparando la predicción teórica con la concentración de contaminantes realmente registrada.
Las estaciones Kunak AIR, al integrar sensores meteorológicos junto con los de los diversos contaminantes atmosféricosLa contaminación del aire causada por los contaminantes atmosféricos constituye uno de los problemas ambientales más críticos y complejos a los que nos enf...
Leer más, correlacionan cada pico de concentración con la dirección y velocidad del viento en cada momento, lo que facilita identificar de qué foco concreto procede una emisión cuando existen varias fuentes potenciales de emisión en la zona.
Una red perimetral, como las establecidas por Kunak, puede orientarse específicamente hacia receptores sensibles (zonas residenciales, centros educativos o sanitarios cercanos) para garantizar que la vigilancia no se limite al cumplimiento normativo del foco emisor, sino que también responde a la protección real de la salud pública en el entorno de la industria vigilada.
Un ejemplo de esta orientación hacia receptores sensibles es el proyecto de Nama Water Services en Omán, donde 28 estaciones Kunak AIR Pro equipadas con sensores de H2S, NH3 y COV vigilan los olores emitidos por varias depuradoras de aguas residuales situadas en distintas ciudades del país, precisamente para proteger a las poblaciones cercanas a estas instalaciones. En un ámbito más urbano, el Ayuntamiento de Bilbao ha desplegado una red de 41 estaciones Kunak AIR Pro con distintas configuraciones según su ubicación, que incluye sondas adicionales para evaluar el impacto de la Zona de Bajas Emisiones y ofrecer una vigilancia constante de la calidad del aire en los barrios y zonas más sensibles de la ciudad.
Cuando se produce una queja por olores ofensivos o una incidencia de contaminación puntual, disponer de un histórico de datos ambientales con resolución temporal precisa permite reconstruir qué ha ocurrido y correlacionar con las condiciones meteorológicas y el funcionamiento de la planta en ese momento, y aportar evidencia objetiva tanto a la industria como a las autoridades y a la comunidad afectada.

Las emisiones de chimeneas industriales suelen contener variedad de contaminantes, desde óxidos de nitrógeno y azufre hasta partículas y compuestos orgánicos volátiles.
Preguntas frecuentes sobre emisiones por chimenea
¿Qué son las emisiones por chimenea?
Las emisiones por chimenea o emisiones canalizadas, son mezclas de gases y partículas que se generan en un proceso industrial y se liberan a la atmósfera a través de un conducto o punto de descarga definido como es la chimenea.
Proceden siempre de una fuente estacionaria, es decir, una instalación fija como una central térmica, una refinería, una cementera o una incineradora, cuyo gas de combustión circula por un conducto de evacuación antes de salir al exterior. Esta canalización convierte la chimenea en un foco puntual claramente localizable, lo que permite a la normativa exigir su vigilancia siempre que sea técnicamente viable, ya que resulta mucho más sencillo cuantificar y controlar un conducto identificable que una fuga dispersa por toda la planta. Aunque no siempre existe una correlación directa entre el foco emisor y la actividad que lo origina, ya que una misma chimenea puede recoger gases procedentes de varios procesos distintos dentro de la instalación industrial.
¿Qué contaminantes se encuentran habitualmente en las emisiones industriales por chimenea?
La composición de las emisiones por chimenea depende directamente del proceso industrial y del combustible empleado. Los óxidos de nitrógeno (NOx) se forman principalmente durante la combustión, a partir del nitrógeno del propio combustible o del aire utilizado para quemarlo.
El dióxido de azufre (SO2) depende casi exclusivamente del contenido de azufre del combustible, mientras que el monóxido de carbono (CO) se genera por combustión incompleta. El dióxido de carbono (CO2) es el principal gas de efecto invernadero de origen industrial, concentrado sobre todo en el sector energético.
Las partículas, clasificadas según su tamaño (PM10, PM2,5), proceden tanto de la combustión como de procesos de calcinación o manejo de materias primas. Los compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM) son compuestos orgánicos distintos del metano capaces de generar oxidantes fotoquímicos. A estos se suman contaminantes específicos del proceso, como ácido sulfúrico, cloro, amoniaco o metales pesados como mercurio, arsénico, cadmio, cromo, plomo o níquel, procedentes del combustible o de las materias primas.
¿Cómo se miden las emisiones por chimenea?
Las emisiones por chimenea se cuantifican mediante dos grandes enfoques complementarios. Los ensayos periódicos consisten en la toma de muestras del gas de combustión en momentos determinados, con una frecuencia fijada por la normativa, empleando métodos de referencia normalizados para cada contaminante, incluido el muestreo isocinético para partículas, que ajusta la velocidad de succión a la velocidad real del gas en el conducto. Los sistemas automáticos de medición continua (CEMS) monitorizan y registran de forma ininterrumpida las emisiones, integrando analizadores de gases, medición de caudal volumétrico y un sistema de gestión de datos. Estos sistemas pueden ser extractivos, cuando analizan la muestra fuera de la chimenea, o in situ, cuando la medición se realiza directamente dentro del conducto.
En ambos casos, la concentración medida debe combinarse con el caudal volumétrico del gas para obtener la tasa de emisión másica, la magnitud que realmente se compara frente al valor límite de emisión regulatorio, ya sea mediante ensayo puntual o vigilancia continua certificada según especificaciones de rendimiento.
¿Qué diferencia existe entre las emisiones por chimenea, las emisiones fugitivas y las emisiones difusas?
Las emisiones por chimenea circulan por un conducto fijo e identificable, lo que permite medirlas directamente en el punto de salida mediante ensayos periódicos o CEMS, y compararlas frente a un valor límite de emisión definido en el permiso ambiental.
Las emisiones fugitivas, en cambio, escapan sin control desde componentes como válvulas, bridas, sellos o tanques de almacenamiento, sin pasar por ningún conducto de evacuación, por lo que no pueden medirse con los mismos métodos y requieren sistemas de detección específicos, como los programas LDAR (Leak Detection and Repair).
Existe además una tercera categoría, las emisiones difusas. Originadas en superficies extensas (pilas de material o zonas de carga) sin un punto de escape definido, y que tampoco pueden canalizarse hacia una chimenea.

Infografía: Diferencias entre las emisiones por chimenea, las emisiones fugitivas y las emisiones difusas – Kunak
Esta distinción es clave desde el punto de vista de la gestión ambiental porque cada tipo de emisión exige una estrategia de vigilancia distinta. Mientras que las emisiones canalizadas se controlan con CEMS o ensayos periódicos en el propio conducto, las fugitivas y difusas necesitan monitorización perimetral para poder ser detectadas y cuantificar con precisión en el entorno de la instalación.
¿Pueden los sensores de calidad del aire sustituir a un CEMS?
No. Un CEMS regulado mide directamente la concentración de contaminantes y, en determinados casos, el caudal volumétrico de los gases en la propia chimenea, y debe superar especificaciones de rendimiento y controles de calidad definidos por la regulación aplicable, como las Performance Specifications de la EPA o la norma UNE-EN 14181 en Europa.
Las estaciones de monitorización de calidad del aire no realizan esa medición en el punto de descarga, por lo que no tienen validez legal para demostrar el cumplimiento del valor límite de emisión fijado en el permiso ambiental de la instalación. Su función es complementaria como es aportar visibilidad sobre el impacto real de esas emisiones una vez dispersas en la atmósfera, vigilando el perímetro industrial, detectando episodios a nivel del suelo, contrastando modelos de dispersión y relacionando las concentraciones ambientales con la meteorología del momento. Es una capa de vigilancia que resulta especialmente útil para proteger a trabajadores y comunidades cercanas, apoyar investigaciones de quejas o episodios puntuales, y ofrecer evidencia objetiva sobre la calidad del aire real, pero en ningún caso sustituye al ensayo reglamentario ni al CEMS instalado en chimenea.

La canalización de las emisiones de chimenea es la clave desde el punto de vista regulatorio puesto que la normativa exige que las emisiones se conduzcan a través de chimenea siempre que sea técnicamente posible.
Conclusión: La combinación entre medición en origen y vigilancia ambiental
Los ensayos periódicos en chimenea y los sistemas automáticos de medición continua (CEMS) definen qué libera exactamente la instalación en su punto de descarga, en qué concentración y con qué tasa de emisión másica, comparándolo frente al valor límite de emisión fijado en su permiso ambiental. Esta medición en origen es, y seguirá siendo, la base legal del cumplimiento normativo en fuentes estacionarias, precisamente porque ofrece un dato certificado, trazable y comparable frente a las especificaciones de rendimiento exigidas por la regulación aplicable.
Sin embargo, ese dato no explica por sí solo qué ocurre después de que el contaminante sale por la chimenea. La dispersión de la pluma en la atmósfera depende de la meteorología, la topografía y la altura efectiva del foco, factores que determinan si esa emisión se traduce en un impacto significativo a nivel del suelo o se diluye sin consecuencias relevantes. En ese espacio entre lo que se emite y lo que finalmente se respira es donde las redes de monitorización ambiental y perimetral aportan su valor. Si bien no sustituyen al ensayo reglamentario ni al CEMS, permiten observar cómo se comportan esas emisiones una vez dispersas, correlacionarlas con la dirección y velocidad del viento, y detectar episodios reales en el entorno de la instalación.
Comprender las emisiones por chimenea de forma completa exige, por tanto, combinar ambas perspectivas. Con la medición en origen se certifica qué libera la fuente, mientras que la vigilancia ambiental muestra cómo esa emisión afecta al aire que respiran trabajadores y comunidades cercanas. Esta doble mirada es la que permite a la industria pasar de un cumplimiento reactivo a una gestión ambiental verdaderamente informada.




