Monitorización de emisiones en refinerías: control continuo, detección de fugas y cumplimiento ambiental

1 marzo 2023 - Actualizado 31 marzo 2026
Monitorizar la emisión de gases y partículas en refinerías y yacimientos de gas, una labor para Kunak

Índice del artículo

Una refinería no falla de golpe. Falla gota a gota, con fugas imperceptibles a simple vista pero peligrosamente continuas, con emisiones que nadie mide a tiempo.

La monitorización de emisiones en refinerías es hoy una de las prioridades operativas más críticas del sector oil & gas, y también una de las más complejas de ejecutar. Las instalaciones de refino trabajan con mezclas volátiles de gases como metano (CH4)El metano, conocido químicamente como CH4, es un gas dañino para la atmósfera y los seres vivos porque tiene gran capacidad de atrapar el calor. Es po...
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, óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO2)El dióxido de azufre (SO2) es un gas incoloro de aroma penetrante y que produce una sensación irritante similar a cuando falta el aire para respirar. Su ...
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, sulfuro de hidrógeno (H2S)El sulfuro de hidrógeno (H2S), también conocido como ácido sulfhídrico o gas de alcantarilla, es un gas inconfundible por su característico olor a hue...
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y compuestos orgánicos volátiles (VOC), en entornos donde una fuga no detectada supone un riesgo ambiental y regulatorio, pero también una pérdida directa de producto y un foco potencial de accidente.

Los programas LDAR tradicionales, basados en inspecciones periódicas y mediciones manuales, ya no son suficientes para responder a la escala y la velocidad de los procesos modernos. La respuesta está en el control continuo gracias a redes de sensores distribuidos que convierten la calidad del aireLa calidad del aire se refiere al estado del aire que respiramos y su composición en términos de contaminantes presentes en la atmósfera. Se considera b...
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en una variable operativa medible, trazable y accionable en tiempo real. Una infraestructura de medición bien diseñada permite detectar emisiones fugitivas antes de que escalen, documentar el cumplimiento frente a normativas como la Directiva de Emisiones Industriales (IED) o los límites regulatorios, y transformar datos ambientales en inteligencia operativa.

En este artículo exploramos cómo se estructura un sistema de monitorización de emisiones para refinerías, qué parámetros son prioritarios, cómo se integran los sensores en programas LDAR y qué papel juega la medición continua en el cumplimiento ambiental del sector.

El reto de controlar emisiones complejas en refinerías modernas

Una refinería no es una suma de equipos. Opera como un sistema industrial altamente interconectado, donde cada unidad de proceso está vinculada a múltiples equipos, líneas y puntos de transferencia. Un sistema vivo donde presión, temperatura, caudal y estado operativo están interactuando de forma continua. Es donde cualquier variación puede traducirse en una emisión que nadie esperaba.

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Esta complejidad se traduce en miles de posibles focos potenciales de emisión distribuidos por toda la instalación. Válvulas, bridas, tanques de almacenamiento, compresores o sistemas de antorcha pueden liberar gases de forma continua o intermitente, muchas veces sin señales visibles, sin alarmas. Y sin medición continua. Estas fugas pueden permanecer activas durante días o semanas antes de ser identificadas.

Además, no todas las emisiones responden a un comportamiento estable. Es cuando el problema se amplifica. Las emisiones no se comportan de forma estable y los cambios operativos, mantenimientos, arranques o paradas generan variaciones que dificultan su identificación mediante métodos convencionales; estos no capturan lo que ocurre con suficiente resolución. Por eso, los inventarios teóricos o las campañas puntuales resultan insuficientes para reflejar lo que realmente está pasando en planta.

A este reto técnico se suma una presión regulatoria creciente. Normativas europeas e internacionales exigen datos trazables, representativos y comparables en el tiempo, lo que obliga a las refinerías a evolucionar hacia modelos de monitorización continua. Ya no basta con estimar emisiones, es necesario medirlas con precisión, hay que medir, documentar y demostrar.

El principal desafío no es solo detectar contaminantes. Es entender cuándo se producen, dónde se originan y por qué ocurren. Responder a esas tres preguntas en tiempo real es lo que define la diferencia entre una gestión reactiva y el control activo de las emisiones. Este, más eficiente, transparente y, sobre todo, alineado con las exigencias de cumplimiento ambiental actuales, es el camino de las refinerías modernas.

Por qué las refinerías son focos críticos de emisiones atmosféricas

Las refinerías concentran una gran diversidad de procesos industriales que operan de forma continua y bajo condiciones exigentes. Y esa es, precisamente, la raíz del problema. Esta combinación de complejidad técnica, número de equipos y variabilidad operativa las convierte en uno de los entornos con mayor potencial de emisión dentro del sector industrial.

Complejidad operativa y miles de puntos potenciales de fuga

Una refinería integra procesos físicos y químicos que operan de forma simultánea y continua, desde la destilación hasta el tratamiento de productos intermedios. Cada uno de estos procesos requiere equipos presurizados, conexiones mecánicas y sistemas de almacenamiento que, sumados, generan un mapa de focos emisores de enorme densidad.

En la práctica, una instalación puede contar con decenas de miles de componentes potencialmente emisores. Elementos como válvulas, bridas, bombas o sellos mecánicos están sometidos a desgaste, variaciones térmicas y condiciones exigentes (ciclos de presión, desgaste acumulado) que hacen inevitable la aparición de fugas. Según los factores de emisión recogidos en EPA AP-42 (Compilation of Air Pollutant Emission Factors from Stationary Sources), estas pérdidas difusas representan una parte significativa de las emisiones totales en el sector. Y no siguen un patrón uniforme, además de aparecer en cualquier punto de la instalación, incluso en equipos aparentemente en buen estado.

Este nivel de complejidad hace inviable depender únicamente de inspecciones manuales o estimaciones periódicas. No es una estrategia, es un margen de error asumido. Emisiones visibles vs emisiones fugitivas invisibles.

En una refinería coexisten dos realidades muy distintas. Las emisiones visibles, asociadas a procesos de combustión o antorchas, son las más fáciles de identificar y suelen estar sujetas a medición continua en chimenea. Y las emisiones fugitivas, que se liberan de forma difusa y sin señal aparente; estas son las más peligrosas porque no avisan.

Emisiones fugitivas, como el metano y los compuestos orgánicos volátiles, se dispersan a baja concentración y de forma intermitente. Esto dificulta su detección con métodos tradicionales.

El IEA Methane Tracker, de la International Energy Agency, señala que una parte relevante de las emisiones de metano en oil & gas proviene precisamente de fugas no detectadas a tiempo. Estas emisiones, aunque invisibles, tienen un impacto climático muy superior y contribuyen de forma directa al aumento del efecto invernadero.

Por eso, diferenciar entre lo que se ve y lo que no se ve es clave para entender el problema real. Las emisiones más críticas no siempre son las más evidentes. Esa asimetría es el núcleo del problema.

Impacto ambiental, económico y reputacional

Cada fuga tiene tres dimensiones que rara vez se evalúan juntas:

  • Ambiental: gases como SO2, NOx o los VOC contribuyen a la formación de ozono troposférico y partículas secundarias, con efectos sobre la salud humana recogidos en el IPCC AR6.
  • Operativa: una fuga de metano o de hidrocarburos ligeros es, al mismo tiempo, una pérdida de producto y una merma directa de la eficiencia del proceso y de la rentabilidad de la instalación.
  • Estratégica: la superación de límites, la falta de trazabilidad o los datos no representativos exponen a la instalación a sanciones, restricciones operativas y requerimientos de inversión adicional. Y más allá del regulador, los mercados financieros y la presión social exigen hoy un nivel de transparencia ambiental que no admite estimaciones vagas.

Las emisiones han dejado de ser un problema exclusivamente ambiental. Son un factor que condiciona la operación industrial, la viabilidad económica y la percepción pública de la instalación.

Principales contaminantes en refinerías y plantas oil & gas

Las emisiones en refinerías no responden a un único tipo de contaminante. Son el resultado de múltiples procesos simultáneos. Una combinación de gases y partículas con comportamiento, impactos y requisitos de medición muy distintos . Identificar qué compuestos están presentes y cómo evolucionan es clave para priorizar la monitorización y evaluar su impacto real en el entorno.

Metano (CH4) y emisiones fugitivas

El metano es uno de los gases más relevantes emitidos en instalaciones oil & gas, y de los más difíciles de controlar porque se emite especialmente en forma de emisiones fugitivas. Estas fugas se originan en equipos presurizados, conexiones o sistemas de almacenamiento, y suelen liberarse de manera intermitente, sin señal visible.

Su impacto no se limita al volumen emitido, sino a su potencial de calentamiento global, significativamente superior al del CO2 en horizontes de corto plazo. Según la United States Environmental Protection Agency (US EPA) refinery sector risk assessment, una parte importante de estas emisiones no se detecta en inspecciones convencionales, lo que refuerza la necesidad de medición continua.

Además, el metano actúa como indicador operativo de pérdidas de producto. Detectar incrementos anómalos permite localizar fugas activas y reducir tanto el impacto ambiental como el coste operativo asociado a la pérdida de producto.

Compuestos orgánicos volátiles y benceno

Los VOC incluyen una amplia variedad de hidrocarburos que se evaporan fácilmente a temperatura ambiente y se dispersan con facilidad. En refinerías, se generan principalmente en procesos de almacenamiento, carga y transferencia de productos.

Entre ellos, el benceno merece una atención especial. Destaca por su toxicidad y por su impacto directo en la salud humana. La exposición prolongada a este compuesto está asociada a riesgos de padecer cáncer, lo que ha llevado a establecer límites estrictos en normativas internacionales.

Las World Health Organization (WHO) Air Quality Guidelines 2021 subrayan la importancia de controlar estos contaminantes incluso a bajas concentraciones, ya que sus efectos no siempre presentan un umbral seguro. Por eso, su monitorización requiere una medición con alta sensibilidad y capacidad para detectar variaciones temporales de baja concentración.

NOx, SO2 y contaminantes de combustión

Los procesos de combustión en hornos, calderas y antorchas generan emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y dióxido de azufre (SO2), dos de los contaminantes regulados más relevantes en el sector.

Los óxidos de nitrógeno contribuyen a la formación de ozono troposférico y partículas secundarias, mientras que el dióxido de azufre está relacionado con la acidificación atmosférica y la generación de aerosoles sulfato. Ambos tienen efectos directos sobre la calidad del aire y la salud respiratoria.

Datos de la European Environment Agency (EEA) muestran que las instalaciones industriales, incluidas las refinerías, siguen siendo una fuente preponderante de estos contaminantes en Europa. Su control requiere tanto tecnologías de reducción en origen como sistemas de medición que permitan verificar el cumplimiento de los límites establecidos con datos trazables.

Partículas y emisiones asociadas a antorchas

Las antorchas son necesarias para la gestión segura de excedentes de gas, pero generan picos de emisión cuando las condiciones de combustión no son óptimas.

Las emisiones de partículas en refinerías están estrechamente vinculadas a esos procesos de combustión incompleta en las antorchas. Estas partículas incluyen PM10 y PM2,5, fracciones capaces de penetrar en el sistema respiratorio. Además, aparecen con mayor intensidad en episodios de combustión incompleta, influenciados por la relación aire-combustible o la variabilidad del flujo.

Las emisiones de las antorchas son variables en el tiempo e irregulares en su distribución. Sin la monitorización continua no se pueden relacionar los episodios de emisión con condiciones operativas concretas y, por tanto, es imposible actuar sobre sus causas. La diversidad de contaminantes presentes en refinerías exige, en consecuencia, un enfoque multiparámetro que permita entender qué se emite y, al mismo tiempo, cómo evoluciona en función de la operación y del entorno.

De la inspección puntual al control continuo: evolución de la monitorización

Durante décadas, gestionar las emisiones en una refinería se ha basado en planificar campañas periódicas y estimaciones indirectas mediante el envío de equipos a campo y esperar que los datos lleguen. Sin embargo, la variabilidad real de las emisiones y la presión regulatoria han impulsado un cambio hacia modelos de medición basados en datos continuos, capaces de reflejar el comportamiento real de la instalación en todo momento.

Limitaciones de campañas LDAR tradicionales

Los programas LDAR (Leak Detection and Repair) han sido la columna vertebral de las emisiones fugitivas en el sector. Su lógica es clara: se apoyan en inspecciones periódicas de componentes específicos con equipos portátiles para identificar fugas y repararlas.. Es un modelo que funciona, hasta cierto punto.

Aunque este sistema permite localizar puntos emisores concretos, presenta limitaciones relevantes durante los intervalos de inspección definidos. Una fuga que aparece el día después de una inspección puede permanecer activa semanas antes de ser detectada en el siguiente ciclo. Y las mediciones puntuales, por definición, no reflejan la variabilidad operativa de una instalación donde las condiciones cambian de forma continua como las refinerías.

Otro aspecto crítico es la representatividad del dato. Las mediciones puntuales no siempre reflejan la variabilidad operativa de la instalación, especialmente en entornos como este donde las condiciones cambian con frecuencia. El dato existe, pero no siempre representa lo que realmente ocurre en la planta.

Ventajas de la vigilancia perimetral (fenceline monitoring)

La vigilancia perimetralCuidar las condiciones en que se encuentra la atmósfera resulta imprescindible para evitar daños en la salud de las personas, así como para reducir las ...
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, conocida como fenceline monitoring, introduce una perspectiva diferente basada en la medición continua en el entorno de la instalación. En lugar de centrarse únicamente en los equipos, evalúa el impacto real de las emisiones en el perímetro de la instalación mediante una medición continua. No se necesita conocer el punto exacto de origen de la emisión para detectar que algo está ocurriendo.

La vigilancia perimetral permite identificar incrementos de concentración asociados a emisiones fugitivas y correlacionarlos con condiciones operativas o factores meteorológicos.

La US EPA Method 325, orientada específicamente a la medición de benceno en perímetros industriales, establece el marco técnico y los criterios de implementación para este tipo de vigilancia. El resultado es una visión más completa del comportamiento real de la planta, no solo de sus equipos.

Monitorización multiparámetro en tiempo real

La evolución tecnológica ha hecho posible lo que antes era inviable. El despliegue de redes de sensores capaces de medir múltiples contaminantes (CH4, VOC, NO2, SO2) de forma simultánea y continua. En una refinería, donde coexisten gases de distinta naturaleza y origen, ese enfoque multiparámetro no es un lujo, es una necesidad. Medir de forma continua varios contaminantes en paralelo permite detectar patrones, correlaciones y desviaciones que no son visibles con sistemas aislados. Además, la incorporación de variables meteorológicas como el viento, estabilidad atmosférica y temperatura, ayuda a interpretar la dispersión de los contaminantes y desde dónde se originan. Es cuando el dato ambiental deja de ser un registro y se convierte en una herramienta operativa. Más que registrar concentraciones, se trata de entender la evolución de los datos y anticipar situaciones de riesgo.

Integración con plataformas de análisis y reporting

Los datos continuos solo generan valor si se pueden procesar, contextualizar y convertir en decisiones. Las plataformas digitales de gestión ambiental permiten centralizar la información obtenida de la monitorización a través de múltiples sensores y grandes volúmenes de datos, configurar alertas en tiempo real, relacionar emisiones con eventos operativos concretos y generar informes adaptados a los requisitos regulatorios.

En el ámbito europeo, la Directiva de Emisiones Industriales (IED) refuerza esta necesidad. Expone que los datos deben ser fiables, trazables y accesibles para cumplir con las auditorías. La digitalización, en este escenario, deja de ser una mejora operativa para convertirse en un requisito de cumplimiento.

La transición hacia sistemas conectados y en tiempo real marca el paso definitivo de una gestión reactiva a un control activo de emisiones con capacidad para anticipar, no solo para responder.

Arquitectura técnica de una red de monitorización en refinerías

Un sensor mal ubicado genera un dato correcto sobre el lugar equivocado. En monitorización industrial, la arquitectura del sistema importa tanto como la tecnología que lo compone.

En entornos como las refinerías, donde las emisiones son variables y distribuidas, la arquitectura técnica (diseño, validación y mantenimiento) determina la calidad real del dato y su utilidad operativa.

Diseño de red y cobertura espacial

El punto de partida no es cuántos sensores instalar, sino dónde y por qué. El diseño de la red de sensores debe responder a la configuración física de la instalación y a las unidades de proceso que son sus fuentes potenciales de emisión. No se trata de distribuir sensores de forma homogénea, sino de ubicarlos estratégicamente en función de riesgos, procesos y condiciones de dispersión.

Además ,factores como la dirección predominante del viento, la dispersión atmosférica, la ubicación de unidades de proceso o la presencia de tanques de almacenamiento condicionan la cobertura necesaria. Una distribución homogénea puede parecer rigurosa sobre el plano pero puede dejar zonas ciegas en la práctica. Una red bien diseñada permite detectar gradientes de concentración, localizar áreas críticas con mayor precisión y correlacionar los eventos de emisión con su origen probable.

La densidad de sensores influye directamente en esa capacidad. Una cobertura insuficiente reduce la resolución espacial; mientras que una distribución optimizada convierte la red en un sistema de localización, no solo de registro.

Clasificación y trazabilidad del dato

Para que los datos sean útiles en contextos regulatorios y operativos, deben ser comparables, consistentes y trazables desde su origen hasta su almacenamiento. Esto implica aplicar criterios claros de clasificación según la calidad de la medición, el tipo de sensor y las condiciones de operación.

La especificación técnica europea CEN/TS 17660 establece directrices para el uso de sensores de bajo coste en monitorización ambiental, incluyendo requisitos sobre validación, incertidumbre y control de calidad. Seguir estos criterios permite diferenciar entre datos orientativos y datos con validez para cumplimiento normativo. Esto es una distinción crítica en auditorías, presentación de informes ante la autoridad competente y para la toma de decisiones basadas en la evidencia.

Importancia del Data Generating Process (DGP)

Un valor numérico no es solo el resultado de lo que mide el sensor. Es el resultado de todo el proceso que lo genera. Desde la ubicación del dispositivo, su estado de calibración, las condiciones ambientales locales, las interferencias presentes y el tratamiento posterior de la señal. Esto es lo que se conoce como Data Generating Process (DGP).

Comprender el DGP permite interpretar correctamente las mediciones y evitar conclusiones erróneas. Por ejemplo, dos sensores pueden registrar valores distintos no por una diferencia real en concentración, sino por variaciones en su entorno o en su estado de calibración.

Garantía de calidad y calibración en entornos industriales

Las condiciones reales de una refinería (temperatura, humedad, presencia de interferentes, vibraciones) no son las de un laboratorio. Y los sensores lo acusan. Sin estrategias de calibración adaptadas al entorno, la deriva de la señal es inevitable y el dato pierde valor con el tiempo.

La calibración puede realizarse en laboratorio, en campo o mediante referencias cruzadas con estaciones de mayor precisión.

A esto se suma la necesidad de establecer rutinas de mantenimiento preventivo, validación periódica y control de desviaciones, es decir, aplicar el conjunto de prácticas que convierte una red de sensores en un sistema de medición robusto, capaz de generar datos consistentes a lo largo del tiempo y útiles tanto para la operación como para el cumplimiento normativo en entornos industriales complejos.

Aplicaciones específicas en upstream, midstream y downstream

El sector oil & gas no es un entorno uniforme. Cada segmento de la cadena opera con lógicas distintas, fuentes de emisión diferentes y dinámicas propias que hacen inviable aplicar un único modelo de monitorización. Entender esas diferencias no es un ejercicio académico, es la base para diseñar estrategias de medición más precisas que generen datos realmente representativos en cada ubicación.

Refinerías y unidades de proceso

En el segmento downstream, las refinerías concentran procesos térmicos y químicos complejos donde las emisiones pueden originarse tanto en focos canalizados como en fugas difusas. Es donde se concentran la mayor densidad de focos emisores por unidad de superficie.

Las unidades de destilación, craqueo o hidrotratamiento operan bajo condiciones de alta presión y temperatura, lo que incrementa el riesgo de emisiones en puntos críticos como válvulas, bridas o sistemas de sellado. Las fugas no son algo eventual, son una probabilidad estadística que crece con cada hora de operación.

A estos se suman las antorchas, que generan emisiones variables asociadas a episodios operativos específicos. Sobre todo con picos de emisión de NOx, SO2 y partículas en episodios operativos específicos como arranques, paradas, variaciones de carga que son difíciles de anticipar y aún más difíciles de capturar con las mediciones periódicas.

Es donde la monitorización continua permite correlacionar concentraciones de VOC, NO2 o SO2 con esos eventos concretos, convirtiendo el dato ambiental en una herramienta para una gestión más precisa del proceso.

Terminales de almacenamiento y tanques

En las instalaciones de almacenamiento, las emisiones están estrechamente ligadas a la volatilidad de los productos y a las operaciones de carga y descarga. Es prácticamente inherente al producto. Los tanques, especialmente los de techo flotante, pueden liberar VOC debido a evaporación, cambios de temperatura o desplazamientos de vapor. Mientras que las operaciones logísticas, como el trasiego entre tanques o la carga de camiones y buques, generan picos de emisión localizados en el tiempo difíciles de capturar mediante inspecciones puntuales.

La monitorización continua en estas áreas permite detectar incrementos asociados a operaciones específicas y evaluar la eficacia de los sistemas de control instalados, como sellos o sistemas de recuperación de vapores.

Sin datos continuos, la eficacia de estos sistemas es, en el mejor de los casos, una estimación.

Estaciones de compresión

En el segmento midstream, las estaciones de compresión son puntos críticos para las emisiones de metano. Estos sistemas mantienen el flujo de gas en gasoductos mediante compresores que operan sin pausa.

Las fugas pueden producirse en sus sellos, conexiones o sistemas auxiliares, y suelen ser intermitentes. El problema no es únicamente una fuga puntual. Además, hay una acumulación silenciosa de pequeñas pérdidas sostenidas que, sumadas en el tiempo, pueden representar un volumen significativo de emisiones.

La monitorización en estas instalaciones permite identificar desviaciones respecto al comportamiento esperado del sistema y priorizar intervenciones de mantenimiento antes de que una fuga menor escale, especialmente en equipos con mayor probabilidad de fuga. Estamos ante el paso que separa un mantenimiento reactivo de aquel basado en evidencias.

Plantas petroquímicas

Las plantas petroquímicas añaden una complejidad adicional al combinar los procesos de transformación química con el almacenamiento y la manipulación de compuestos complejos. No solo emiten, sino que lo hacen de forma variable en composición. Esto implica la presencia simultánea de múltiples contaminantes, desde hidrocarburos ligeros hasta compuestos más específicos según el proceso y gases derivados de reacciones secundarias.

La monitorización multiparámetro en estas instalaciones permite capturar esta complejidad y relacionar las emisiones con condiciones operativas concretas.

Al generar información útil, tanto para el control ambiental como para la optimización del proceso productivo, hace que los datos ambientales y los datos de proceso dejen de ser mundos separados.

Cumplimiento regulatorio y presión ESG en el sector oil & gas

La medición y control de las emisiones en refinerías ya no responde únicamente a criterios técnicos o operativos. Es una condición de viabilidad. El marco regulatorio se ha endurecido, los inversores exigen transparencia verificable y las comunidades cercanas a las instalaciones tienen cada vez más capacidad de influir en su operación. En las refinerías, los datos ambientales han pasado de ser un registro a ser un activo estratégico.

Regulación europea (IED, ETS, Directiva de emisiones industriales)

En Europa, el marco regulatorio está definido principalmente por la Directiva de Emisiones Industriales (IED, 2010/75/EU), que establece requisitos estrictos sobre prevención y control de la contaminación en grandes instalaciones industriales.

Esta directiva obliga a aplicar las Mejores Técnicas Disponibles (MTD) obligando a que las emisiones se mantengan dentro de los límites basados en referencia técnica específica (BAT conclusions). Estas, son de carácter vinculante y, además, exigen sistemas de medición que proporcionen datos concretos sobre medición, frecuencia y calidad del dato que sean representativos y verificables.

A esto se suma el sistema de comercio de emisiones (EU ETS) introduciendo un componente económico al control de gases de efecto invernaderoLos gases de efecto invernadero (GEI) son gases, naturales o generados por la actividad humana, que retienen el calor en la atmósfera terrestre y regulan ...
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. Cada tonelada de CO2 emitida por encima de los derechos asignados tiene un coste. Por ello la cuantificación precisa de emisiones de CO2 y otros gases, más allá del rigor técnico, adquiere un impacto directo en los costes operativos. Medir bien es, literalmente, más rentable que medir mal.

En consecuencia, la monitorización continua permite no solo cumplir con los límites establecidos, sino también mejorar la gestión de emisiones en relación con los compromisos climáticos.

EPA y normativa estadounidense

En Estados Unidos, la Environmental Protection Agency (EPA) regula las emisiones en refinerías mediante un conjunto de normativas específicas que combinan límites de emisión, requisitos de monitorización y programas obligatorios de detección y reparación de fugas.

Las EPA Refinery Rules incluyen disposiciones para contaminantes como VOC, benceno o SO2, junto a otros contaminantes, así como metodologías concretas para su medición estandarizada y frecuencias de inspección definidas. Los programas LDAR son obligatorios en la mayoría de instalaciones, y su implementación está sujeta a auditorías periódicas.

La EPA, a su vez, ha reforzado los requisitos de monitorización perimetral, como los aplicados al control de benceno (Method 325), incrementando la exigencia sobre la continuidad y comparabilidad de los datos.

Este enfoque normativo combina inspección directa y medición ambiental, lo que incrementa la exigencia técnica sobre los sistemas de monitorización. No basta con no superar los límites, hay que poder demostrarlo con datos trazables.

Requisitos de reporting y auditoría ambiental

Cumplir no es suficiente si no se puede demostrar. Las instalaciones deben registrar, almacenar y presentar datos ambientales con criterios estrictos de calidad, consistencia y trazabilidad. Cualquier inconsistencia en el histórico (por ejemplo, una calibración no documentada, un periodo de datos desaparecido) puede comprometer auditorías o derivar en requerimientos adicionales por parte de la autoridad competente.

A la presión regulatoria se suma la exigencia de los marcos de sostenibilidad. Los estándares IFRS Sustainability (ISSB) incorporan indicadores ambientales que requieren datos verificables y comparables entre periodos, en línea con la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) europea. Para los departamentos de finanzas y sostenibilidad, esto significa que los datos de emisiones generados en planta deben poder integrarse en memorias verificadas por terceros. La digitalización y la integración en tiempo real son, en este escenario, un requisito de reporting, no solo una mejora operativa.

Transparencia de datos y licencia social para operar

Más allá de la normativa y los inversores, las refinerías operan bajo una presión social creciente por parte de las comunidades cercanas a las instalaciones para demostrar una gestión ambiental responsable. La disponibilidad de datos objetivos y accesibles muestra la capacidad de la empresa para demostrar cómo gestiona su impacto ambiental.

La monitorización continua permite ofrecer información objetiva sobre la calidad del aire en el entorno de la instalación.

Comunicar de forma proactiva las emisiones y responder con datos ante episodios de incidencia es una buena práctica de relaciones institucionales y una estrategia de gestión del riesgo reputacional.

Las instalaciones que lideran en transparencia ambiental reducen conflictos, aceleran trámites y construyen una posición más sólida frente a cualquier revisión regulatoria futura. El control de emisiones, en definitiva, ha dejado de ser un requisito aislado para integrarse en el núcleo de la estrategia empresarial.

Beneficios operativos del control continuo de emisiones

Cumplir con la normativa es el punto de partida, no el destino. La monitorización continua responde a exigencias regulatorias, pero a su vez introduce mejoras directas en la operación diaria de las refinerías. Convertir las emisiones en una variable medible y analizable permite actuar con mayor precisión, reducir incertidumbre y optimizar recursos. Las refinerías que han integrado la monitorización continua como herramienta operativa descubren algo que va más allá del cumplimiento, los datos de emisiones les dicen cosas que ningún otro sistema les contaba.

Reducción de pérdidas de producto

Una fuga de CH4 o de VOC no es solo un problema ambiental. Es producto que se escapa por una junta, un sello o una válvula desgastada. Es, en definitiva, producto que no llega al proceso y no genera valor. Cuanto más tiempo permanece activa esa fuga sin ser detectada, mayor es la pérdida acumulada.

La monitorización continua reduce ese intervalo de forma drástica. En lugar de depender de esperar al siguiente ciclo de inspección, la monitorización continua identifica desviaciones en tiempo real y las intervenciones se activan antes de que la pérdida se haga notable.

El resultado es un impacto ambiental menor y un balance económico más ajustado. Dos objetivos que, en este caso, apuntan exactamente en la misma dirección.

Disminución de riesgos de sanción

Un incumplimiento puntual es recuperable. El incumplimiento de límites de emisión continuado o la falta de datos trazables puede derivar en sanciones, restricciones operativas o revisiones regulatorias. La exposición a ese riesgo no depende solo de lo que ocurre en planta, sino de la capacidad de demostrarlo. La monitorización continua permite detectar superaciones de umbral en el momento en que se producen y activar medidas correctivas antes de que se conviertan en incumplimientos sostenidos.

Y cuando llega una auditoría o una inspección, contar con históricos completos, coherentes y trazables aporta solidez documental. Es la diferencia entre la resolución favorable y un requerimiento adicional. Optimización de campañas LDAR

Con la monitorización continua los programas LDAR siguen siendo necesarios, muy al contrario, se vuelven más inteligentes. Su eficacia aumenta cuando se apoyan en datos continuos que identifican áreas o equipos con mayor probabilidad de fuga. Así se pueden priorizar las inspecciones hacia los puntos que realmente lo necesitan, en lugar de seguir una distribución homogénea. Esto reduce tiempos de inspección y mejora la tasa de detección de fugas relevantes.

Además, el análisis de recurrencia (identificar qué equipos generan emisiones de forma repetida) convierte la información histórica en criterio de mantenimiento, no solo en registro. Mejora de la eficiencia operativa basada en datos

Las emisiones no ocurren en el vacío. Ocurren cuando la carga de proceso cambia, cuando las condiciones de combustión se desvían, cuando un arranque no evoluciona como debería. Relacionar el dato ambiental con la variable operativa que lo origina es lo que convierte la monitorización continua en una herramienta de gestión del proceso, no solo de gestión ambiental.

Identificar esos patrones permite ajustar parámetros, anticipar situaciones de riesgo y evitar emisiones que no son inevitables, sino el resultado de condiciones operativas que se pueden corregir. El dato ambiental deja de ser un indicador pasivo que se revisa a posteriori y se convierte en una señal activa que informa decisiones en tiempo real. Ahí es donde la monitorización continua alcanza su máximo valor operativo.

¿Cómo reducir la emisión de gases y partículas en refinerías?

Reducir emisiones en una refinería no es una decisión discrecional. Se basa en una obligación técnica y regulatoria en torno a las Mejores Técnicas Disponibles (MTD). Documentos de referencia europeos que establecen criterios técnicos esenciales para minimizar el impacto ambiental de las grandes instalaciones industriales.

Su aplicación no es puntual. Las MTD son de obligado cumplimiento en distintos momentos del ciclo operativo: durante la solicitud de la Autorización Ambiental Integrada (AAI) para nuevas unidades, en procesos de modernización de instalaciones existentes y en las revisiones periódicas de la AAI, que se actualizan tras la publicación de nuevas conclusiones MTD.

Las MTD actúan sobre múltiples factores que influyen en las emisiones. Entre ellos, destaca la selección de combustibles con menor contenido en azufre, la mejora del rendimiento de hornos y calderas, o la incorporación de sistemas de reducción como filtros y catalizadores.

Pero ninguna de estas medidas puede verificarse sin medición. La monitorización continua es el componente que cierra el ciclo. Medir gases y partículas en tiempo real permite verificar la eficacia de las medidas aplicadas, detectar desviaciones y ajustar la operación para mantener las emisiones bajo control. Sin datos continuos, la reducción de emisiones es una intención. Con ellos, es una variable gestionable.

Las estaciones de monitorización ambiental Kunak AIR componen la solución completa para la monitorización en instalaciones de petróleo y gas.

Las estaciones de monitorización ambiental Kunak AIR componen la solución completa para la monitorización en instalaciones de petróleo y gas.

Las solución de Kunak para la monitorización de emisiones en refinerías

Las soluciones de Kunak no sustituyen los sistemas tradicionales de control de emisiones, sino que se integran y los completan. Añaden una capa de visión continua y distribuida de la calidad del aire que los métodos tradicionales no pueden ofrecer en entornos industriales complejos como las refinerías.

Las redes de sensores Kunak combinan mediciones en continuo, mediante equipos instalados de forma permanente, con el análisis de parámetros secundarios que ayudan a interpretar el comportamiento de las emisiones en distintas condiciones operativas. El resultado es una imagen dinámica de la instalación, no un registro puntual, sino una lectura constante de cómo evolucionan los contaminantes en función de la operación, la meteorología y las condiciones del entorno.

Un ejemplo práctico es la creación de perímetros virtuales que permiten vigilar la evolución de las emisiones fugitivas en el entorno de la instalación. Este enfoque facilita la detección de incrementos anómalos, incluso cuando el foco emisor no es visible o está localizado en múltiples puntos.

De este modo, la monitorización deja de ser un requisito que se gestiona y se convierte en una herramienta operativa que trabaja y permite anticipar problemas, reforzar el control ambiental y mejorar la toma de decisiones basada en datos.

Preguntas frecuentes sobre la monitorización de emisiones en refinerías

¿Qué contaminantes deben monitorizarse en una refinería?

La selección de contaminantes depende del tipo de proceso y de los requisitos regulatorios, pero existen compuestos prioritarios comunes en la mayoría de instalaciones de refinado. Entre ellos destacan el metano (CH4), los compuestos orgánicos volátiles (VOC), el benceno, los óxidos de nitrógeno (NOx), el dióxido de azufre (SO2) y las partículas (PM10, PM2,5).Además, en función de la actividad específica, pueden incluirse otros gases como H2S, CO o amoníaco.

No existe una configuración universal. La clave está en adaptar la monitorización a los riesgos específicos de cada instalación y garantizar una cobertura multiparámetro que capture la diversidad de emisiones que coexisten en la planta.

¿Cuál es la diferencia entre LDAR y monitorización continua?

Los programas LDAR se apoyan en inspecciones periódicas para detectar y reparar fugas en equipos concretos. Localizan el problema, pero solo cuando alguien va a buscarlo. Este enfoque permite localizar puntos emisores, pero no captura la variabilidad temporal de las emisiones. Las emisiones intermitentes que ocurren entre ciclos de inspección, sencillamente, no existen para un sistema LDAR.

La monitorización continua, en cambio, mide concentraciones en tiempo real, sin interrupciones. Esto permite detectar emisiones intermitentes, identificar patrones y contextualizar la situación para actuar con mayor eficacia y rapidez.

Ambos enfoques no compiten, son complementarios. La monitorización continua aporta contexto y priorización, mientras que LDAR permite intervenir directamente sobre los equipos. Juntos conforman un sistema de control de emisiones con mucha menor superficie ciega.

¿Qué es el fenceline monitoring y cuándo es obligatorio?

El fenceline monitoring consiste en medir contaminantes en el perímetro de la instalación para evaluar su impacto real en el entorno. Este enfoque permite detectar emisiones que salen de la planta, independientemente de su origen exacto. Es una visión de impacto, no del foco.

En algunos países, como Estados Unidos, es obligatorio para ciertos contaminantes. Por ejemplo, la normativa de la EPA exige monitorización perimetral de benceno en determinadas refinerías.

En Europa, su uso no siempre es obligatorio, pero cada vez es más habitual como herramienta para reforzar el control ambiental y demostrar cumplimiento.

Obligatorio o no, cada vez más refinerías incorporan la vigilancia perimetral por una buena razón práctica: es el único enfoque técnico que mide lo que realmente llega al exterior.

¿Cómo ayuda la monitorización de metano a reducir emisiones fugitivas?

El metano (CH4) es un indicador directo de que algo escapa. Su presencia en concentraciones anómalas no requiere inspecciones previas para ser notoria. Un incremento detectado en tiempo real ya señala que existe una fuga activa en algún punto del sistema.

Al detectar estas anomalías en tiempo real, es posible reducir el tiempo de respuesta y limitar la duración de la fuga. Menos tiempo activa significa menos impacto climático, menos producto perdido y una intervención de mantenimiento más ajustada.

Y más allá de la detección puntual, el análisis del histórico revela algo igualmente valioso. Muestra qué equipos fallan de forma recurrente, en qué condiciones operativas aparecen los picos y dónde concentrar la siguiente intervención. La fuga deja de ser una sorpresa y se convierte en una variable anticipable.

¿Puede una red de sensores sustituir a las estaciones de referencia?

Las redes de sensores no sustituyen a las estaciones de referencia, pero sí las complementan. Las estaciones de referencia ofrecen alta precisión y se utilizan para cumplimiento normativo estricto. Pero tienen una limitación estructural al ser puntos fijos en un entorno donde las emisiones se mueven, varían y se distribuyen de forma dinámica.

Por su parte, las redes de sensores aportan lo que una estación aislada no puede dar: cobertura espacial y resolución temporal. Más puntos de medición, datos más continuos y una imagen más completa de cómo evolucionan las emisiones dentro y fuera de la instalación. No cuentan con la precisión absoluta de un equipo de referencia, pero sí con una representatividad que ningún punto único puede ofrecer.

La clave está en el diseño y la calibración. Redes construidas siguiendo criterios como los definidos en CEN/TS 17660 generan datos fiables, clasificados por nivel de incertidumbre y válidos para apoyar decisiones operativas y regulatorias.

Conclusión: convertir las emisiones en una variable controlable

Las refinerías que gestionan bien sus emisiones no son las que tienen menos fugas por casualidad. Son las que han decidido medir con continuidad, con rigor y con la arquitectura técnica necesaria para que el dato sea útil más allá del registro.

El cambio de fondo no es tecnológico sino conceptual. Pasamos de estimar a medir, de inspeccionar periódicamente a monitorizar en tiempo real, de reaccionar ante el incumplimiento a anticiparlo.

Este cambio permite entender qué ocurre en cada momento y actuar antes de que el impacto sea relevante. Es la diferencia entre una gestión reactiva y un control activo de emisiones.

La medición continua aporta beneficios en varias dimensiones a la vez. Operativamente transforma la detección de emisiones en una herramienta estratégica que detecta fugas antes de que acumulen impacto. Al identificar desviaciones en tiempo real permite corregirlas de forma temprana, reduciendo tanto el riesgo ambiental como la exposición a sanciones.

Además, la integración de estos datos en sistemas de gestión ambiental facilita su uso en auditorías, reporting y toma de decisiones operativas basadas en la evidencia. La información deja de estar aislada y pasa a formar parte de un sistema coherente, alineado con los requisitos regulatorios y los compromisos ESG.

Referencias científicas

  • Environmental Protection Agency (EPA). (2023). Refinery sector rule risk and technology review.
  • Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). (2022). Climate change 2022: Mitigation of climate change. Contribution of working group III to the sixth assessment report.
  • International Energy Agency (IEA). (2023). Global methane tracker 2023.
  • Snyder, E. G., et al. (2013). The changing paradigm of air pollution monitoring. Environmental Science & Technology, 47(20), 11369–11377.
  • Dong, J., et al. (2025). Calibration and validation-based assessment of low-cost air quality sensors. Science of the Total Environment, 977, 179364.
  • World Health Organization (WHO). (2021). WHO global air quality guidelines.
  • European Commission. (2010). Industrial emissions directive (2010/75/EU).